Me gusta acompañar mi desayuno con la lectura de las noticias, para estar enterada de los diarios acontecimientos de nuestro bello país.
Bueno, esto me pasaba hasta hace algunos días, antes de finalizar el año, y de que llegaran las fechas en las que hacemos propósitos para empezar el nuevo año con cambios positivos. Lo digo porque uno de mis propósitos es alejarme de los medios, sobre todo, de la prensa escrita. Por lo menos por algunos días... mientras se cumple una de mis peticiones al niño Dios: cordura para nuestros respetables periodistas. ¿Por qué esa petición? Porque algo que era agradable en mis amaneceres, se ha convertido en causa de indigestión. Leer los titulares del periódico al que estoy suscrita, me causa espanto... y lo peor: al leer la noticia desarrollada crece mi sensación.
Siento vergüenza ajena sobre cómo puede un periodista llegar a decir cualquier cosa que se le ocurra sin tener en consideración a las personas y sus familias... acusar, juzgar y condenar sin que las mismas autoridades lo hayan hecho.
Señores periodistas: ¿ustedes creen que con esto están atrayendo al público lector? Están equivocados. Y no es solo mi sentimiento. Muchos amigos con los que he conversado han hecho el mismo propósito que yo: no volver a escuchar o leer noticias. Para qué si no nos sentimos informados. Se han encargado ustedes de sembrar un ambiente de negativismo que nos saturó. No hay imparcialidad en la trasmisión de la noticia. Simplemente la manipulan a su acomodo para atraer público incauto.
No hay análisis, no hay propósito, o más bien pareciera que obedecieran al propósito de alguien. De la noticia se han dedicado a inventar historias que preferimos leer en novelas o libros de ficción.
¿Qué pasa con su profesión? Yo soy una simple lectora, pero gozo del privilegio de tener parientes escritores y algunos periodistas. Muchas veces censurados debido a sus duras críticas y opiniones, pero siempre respetaron la verdad, y se atuvieron a los hechos, sin juzgar y condenar a priori. Por eso sé que no es imposible hacer buena prensa sin amarillismo. Espero que el niño Dios retribuya mis buenas acciones y me conceda el deseo pedido, para poder volver a acompañar mi café con la lectura del diario matutino.