El mundo cristiano conmemora con gran júbilo y fervor religioso, principalmente en el seno de las familias creyentes, la solemne festividad de la Epifanía de Nuestro Señor o Día de Reyes, que el calendario gregoriano señala el 6 de enero, para regocijo de grandes y chicos.
El Evangelio, según San Mateo, registra para la posteridad la visita de Los Magos, quienes guiados por la Estrella de Oriente, llegaron a la ciudad de Belén, Antigua Palestina, a la morada del Sublime Niño Dios con su madre la Virgen María, acompañados por el casto San José, y al verlo, postrándose, lo adoraron: le ofrecieron oro porque era Rey, incienso, porque era Dios y mirra, porque era Hombre y moriría en la Cruz por la redención de los pecados del mundo.
En esta significativa festividad cristiana, nosotros invocamos a nuestro Dios para que tenga vigencia eterna su doctrina de amor, fraternidad y justicia social y le otorgue a nuestra querida patria y noble pueblo: paz, mayor bienestar socioeconómico, progreso, respeto a los Derechos Humanos, cese a la violencia criminal, se erradiquen los salarios y pensiones irrisorias, la carestía de la vida, la corrupción, la impunidad y la falta de atención integral a las colectividades indígenas, campesinas y obreras; que el Estado le otorgue justa indemnización a los familiares y sobrevivientes, víctimas de envenenamiento con dietilenglicol, que le suministre la Caja de Seguro Social, debido a notoria negligencias criminal; igual se le haga justicia a los familiares y sobrevivientes del incendio de un autobús colateral a La Cresta.
Que el Estado panameño realice la repartición justa y equitativa de las riquezas que produce nuestro país; se cumpla con el Código de Trabajo y con nuestra Constitución Nacional especialmente con la norma que proclama: que el trabajo es un deber y un derecho del ciudadano, y el Estado otorgará ocupación a quien carezca de ella y le garantizará una vida decorosa.
¡Que el sol de la justicia social cristiana brille en todos los hogares panameños!