Apenas comenzado un nuevo año, celebramos hoy con alegría y esperanza cristiana la manifestación del Señor a su pueblo. La solemnidad de la Epifanía nos invita a reconocer y aceptar en nuestra vida a Jesús como el portador de la salvación de Dios para el universo entero. Como los "reyes magos" venidos de Oriente, también nosotros estamos llamados hoy a ponernos en camino, en búsqueda del Dios que ha asumido nuestra condición humana, menos en el pecado, estableciendo su morada entre nosotros.
Bien podríamos considerar la celebración de hoy como la solemnidad de la luz, pues Cristo, Luz del mundo, se manifiesta a cada creyente. Él viene a iluminar nuestro sendero tenebroso. Nosotros debemos tener nuestra mirada puesta en Él. Fijémonos en la actitud de los magos: siguieron la estrella que los llevaría al encuentro del Niño Jesús; de lo contrario, hubieran llegado a otro destino. Nosotros, sigamos la luz que nos lleva al encuentro con el Padre.
"¿DONDE ESTA EL REY DE LOS JUDIOS QUE HA NACIDO?"
Los magos, guiados por la estrella, van en busca del Niño recién nacido para adorarlo. A su encuentro le ofrecen dones de oro, incienso y mirra. Si bien hay argumentos para poner en tela de juicio la historicidad de este relato, nosotros, como personas de fe, debemos extraer de él lo esencial, la verdad que se nos quiere comunicar: la salvación tiene carácter universal, tiene como destinatarios también a los pueblos paganos, representados en la persona de los magos venidos de Oriente.
Es necesario ponernos en marcha, como los magos, al encuentro de Cristo, nuestra luz. No perdamos de vista que estamos en un continuo peregrinar hacia la casa del Padre, nuestra meta definitiva. Abramos el cofre de nuestro corazón y ofrezcamos a nuestro Rey el tesoro de una vida ejemplar, respaldada en actitudes concretas de amor y de misericordia.