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REFLEXIONES
"Todavía la reelección está de moda en Latinoamérica".

Carlos Christian Sánchez C.
Relacionista Internacional
Simón Bolívar, cuando joven, juró en una de las colinas de Roma, la liberación de América de las garras del imperio español. El autoritarismo de los tiranos, alguno que otro monarca omnipotente al mejor estilo de Luis IV, hicieron arder el corazón del criollo venezolano, allá por las tierras europeas. Años después, mientras trataba de consolidar la unidad latinoamericana, se percató que sus discípulos ahora querían emular las ambiciones de los monarcas del viejo mundo, para explotar a los pueblos, evitando la integración de las Américas y creando "feudos", fuera del plan de la "Gran Colombia". Allí nacen las clásicas dictaduras militares, a las cuales se les agregó una sazón especial en los tiempos modernos. Esto es la reelección presidencial. En mundo contemporáneo, se ha permitido la adaptación del estilo déspota y autoritario de los políticos personalistas, defensores del nuevo orden capitalista conocido como "globalización". Sátrapas del neoliberalismo, estos hombres buscan perpetuarse en el poder del Estado, a costa de la legalidad institucional, escudándose en la supuesta necesidad de instaurar programas económicos y sociales, para ganar la indulgencia del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (F.M.I.). La década de los noventa, próxima a terminarse, ha visto la experiencia de los gobiernos neoliberales en la América Latina, además del largo período de mandato de los presidentes, por medio de reelecciones. Si había que aumentar los impuestos, vender las empresas estatales de energía o las petroleras, con el fin de saciar la expansión de las transnacionales, allí aparecen los "reeleccionistas". Todo tiene un própósito: facilitar la desaparición de la identidad nacional, destruir la autodeterminación de los pueblos y acabar con las culturas propias. En 1992, Alberto Fujimori inicia la moda reeleccionista, a pesar de que el mismo era un connotado tecnócrata y defensor de la democracia. Derroca a un parlamento vacilante en ese año e instaura una nueva constitución en 1993. Ahora busca su tercer mandato presidencial. El diario "La República" nos informa que la maquinaria pro-Fujimori se activó y las encuestas difieren en el estudio de la popularidad del presidente peruano, de origen asiático. La Universidad de Lima y el Grupo APOYO, discrepan en los sonderos sobre el "chinito", como cariñosamente llaman a Fujimori. Argentina fue otro caso similar, cuando Carlos Saúl Menem se toma el proyecto reformista de Domingo Cavallo, para ganar adeptos a su reelección en 1994-1995. Triunfa el "Ché", pero en 1999 no recibe ni el respaldo del Partido Justicialista-Peronista, por su desgaste político. Pero en Panamá, a la sazón de los acontecimientos en Latinoamérica, un connotado partido político de centro izquierda, permite que las ambiciones de su Secretario General, entonces Presidente de nuestro país, intente rodar por un referéndum, un 30 de agosto de 1998. Alabaron al becerro de oro, pero la gente reaccionó ante las políticas privatizadoras, contrariando la voluntad del reeleccionista. Unos dicen que fue un gran triunfo de la democracia, sobreponiendo la ambición de un sólo hombre que se creyó más que sus dos millones y medio de compatriotas. Recientemente Venezuela, la tierra de Bolívar, aceptó una nueva constitución nacional que pretender dirigir los destinos de esa nación hermana. Empero, ella da la posibilidad de la "reelección" seguida del mandatario de turno, en el caso que los votantes así lo soliciten popularmente. A mejor entender, el poder del que controlar la cosa pública, puede presionar a un continuo mandato presidencial, en este caso, el del ex golpista, Hugo Chávez. Esperamos que la moda de las "reelecciones" termine pronto, puesto que no es posible dar a un personaje tal, un período casi perpetuo, para gobernar el Estado-Nación, pero gracias al paso dado en Panamá, hace casi dos años, se demostró que el hombre latino no soporta los abusos y los dominios eternos de los políticos oportunistas, disfrazados con piel de oveja.
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