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Riesgo de epidemias y poca ayuda oficial renueva drama de damnificados

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Agencias
Internacionales

Miles de sobrevivientes de los aluviones que afectaron el litoral norte de Venezuela hace más de 10 días, deambulaban sin rumbo este lunes en medio de las ruinas de sus asentamientos, bajo el acecho de epidemias y con escasa asistencia de organismos gubernamentales.

El número de muertos por la catástrofe se situaría entre las 30.000 y 50.000 personas, mientras que hay otras 200.000 que fueron evacuadas de las zonas donde habitaban, según las últimas cifras difundidas por la Defensa Civil.

El director del organismo, Angel Rangel, admitió este lunes que no es posible dar cifras oficiales sobre la pérdida de vidas humanas, ya que gran parte de las localidades afectadas permanecen sepultadas por toneladas de barro y piedras que cayeron desde los cerros que las bordean.

Rangel se limitó a decir que "son miles de miles de miles las personas que fallecieron en el estado Vargas", uno de los más perjudicados por la catástrofe.

El estado Vargas está conformado por la franja de poco más de 100 km del litoral caribeño aledaño a Caracas, y fue arrasado por las intensas lluvias y los terrenos donde antes se erigían miles de viviendas populares yacen bajo un mar de fango, donde emergen restos de automóviles, ropas y electrodomésticos.

Miles de efectivos militares fueron desplegados en la zona para mantener la seguridad, evitar los saqueos y atender a los damnificados que se niegan a evacuar lo que resta de sus hogares, pero la movilización castrense -que cuenta con ayuda de brigadas internacionales- resulta insuficiente.

"Aquí no viene nadie a darnos ayuda", dijo a la AFP Nancy Novera, de 29 años y madre de dos hijos, residente en el barrio caraqueño de San Bernardino (norte), mientras ayuda a su esposo a retirar el barro y los escombros que anegaron su vivienda y destruyó todas sus pertenencias.

Nancy, al igual que algunos de sus vecinos, se niega a abandonar el barrio donde nació y se crió, y critica a las autoridades por "tenernos olvidados aquí".

"No nos traen agua, no hay distribución de comida ni ropa.

La policía solo viene durante el día, cuando nosotros necesitamos que vigilen en la noche, que es cuando se producen los pillajes", añadió.

El barrio de San Bernardino, del que apenas se visualizan los techos de algunas de las viviendas, es recorrido por varios de sus ex residentes que no atinan a tomar una decisión sobre por donde comenzar la reconstrucción.

Los vecinos se reúnen en pequeños grupos para intercambiar anécdotas y caminan sin rumbo sobre los escombros, desde donde emana un olor pestilente por las aguas servidas que corren debajo de las piedras y por cadáveres en descomposición que todavía no pudieron ser recuperados.

El director de Epidemiología, José Mendoza, admitió este lunes en declaraciones a la prensa que está "muy latente" la posibilidad de que se desencadenen epidemias.

"Tenemos problemas con el agua, la recolección de basura y las heces humanas" que se acumulan donde las instalaciones sanitarias fueron destruidas por los aluviones, señaló Mendoza.

"El dengue, cólera y malaria, son las enfermedades que tememos se transformen rápidamente en epidemias", añadió el funcionario, que exhortó a los pobladores a tomar precauciones higiénicas.

Los ingentes trabajos realizados por los militares para reabrir carreteras cortadas por los aludes y llegar con maquinaria pesada hasta las poblaciones en ruinas, no son suficientes para solucionar el drama de miles de damnificados, que se preguntan sobre su incierto futuro.

"¿Hasta cuándo vamos a estar sin recibir ayuda del gobierno? (El presidente Hugo) Chávez prometió darnos nuevas tierras donde construir viviendas, pero hasta el momento son solo palabras", expresó Luis Anguita, un electricista de 39 años cuya vivienda fue arrasada por el torrente de barro.

Tras la tragedia, calificada por Chávez como la mayor catástrofe del siglo en Venezuela, casi 200.000 personas aún esperan respuestas del gobierno, que se ha visto superado en sus esfuerzos por la magnitud del siniestro.

 

 

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El director de Epidemiología, José Mendoza, admitió este lunes en declaraciones a la prensa que está "muy latente" la posibilidad de que se desencadenen epidemias. "Tenemos problemas con el agua, la recolección de basura y las heces humanas" que se acumulan donde las instalaciones sanitarias fueron destruidas por los aluviones, señaló Mendoza.

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