El resultado de las máscaras faciales son inmediatos y visibles. Nutren, hidratan, descongestionan y embellecen la piel. Podrás prepararlas fácilmente con ingredientes naturales que encontrarás en tu cocina. Son muy económicas y existe una fórmula para cada tipo de piel. Elige la que mejor se adapte a ti.
Para tener la piel de la cara suave, te recomiendo mezclar azúcar con agua. Aparte de que retira todas las células muertas del cutis, actúa como una crema exfoliante, deja la piel suave y bien brillante.
Limpia la cara con una leche o gel de limpieza adecuada a tu tipo de piel y luego enjuaga bien hasta retirarlo.
Aplica la loción tónica (para piel seca) o astringente (para piel grasa) y espera a que se seque. Recuéstate en una habitación con luz suave. Es importante que los músculos faciales estén distendidos. Coloca la máscara teniendo en cuenta los movimientos de los músculos. La capa no debe ser ni muy gruesa, ni muy delgada.
Coloca sobre los párpados algodones humedecidos en una loción refrescante.
Cada máscara necesita actuar sobre la piel, por un tiempo determinado (aproximadamente 15 minutos). Cuando se seca y comienza a provocar una sensación de tirantez, retírala con agua limpia y una esponja suave, desde el mentón hasta la frente.