En las últimas semanas, se ha estado anunciando una serie de incrementos en tazas de impuestos que mantienen en alerta a la población, porque ya no se aguanta tanta imposición de aumentos, y que está llevando a la locura a los distintos componentes de la sociedad panameña.
Podemos colegir que estos aumentos están destinados a favorecer a las promesas de campaña del señor presidente de la República, Ricardo Martinelli, hacia programas sociales que necesitan de la intervención del gobierno para mejorar la condición de vida de un sector de nuestra sociedad.
Obviamente que la imposición de gravámenes podría ser la más inmediata alternativa para cumplir dichos compromisos. Sin embargo, debido al alto costo de la vida que afrontamos tanto nacionales y extranjeros que han optado por convivir con nosotros en este territorio panameño, dificulta, en términos generales, la estabilidad emocional en materia de costos y gastos personales rutinarios en el núcleo familiar.
En la actualidad, existe un descontrol de precios en algunos productos de la canasta básica, cuando los costos en algunos artículos de consumo doméstico mostrados hoy no son los mismos el día de mañana; hay comestibles que se perdieron durante las inundaciones en los campos de cultivos y que pueden ser muestras de especulaciones en sus precios, cuando todo vuelva a la normalidad.
Existe preocupación porque vendrán costos que no se compaginan ni se equiparan con los salarios que devenga la mayoría de la población: el aumento sin control en los precios de la gasolina y la matrícula de circulación vehicular, así como el incremento en el suministro de energía eléctrica y otros rubros, que han sido anunciados previamente.
En la actualidad, la situación no está para tafetanes, y aquellos que devengan un buen salario o salario promedio, sepan cómo manejar sus dineros sin hacer gastos innecesarios, evitando el consumismo porque con estos anuncios de incrementos de gravámenes, la sensatez es el mejor aliado. Que Dios tenga misericordia de todos nosotros.