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 Domingo 12 de diciembre de 1999


¿SERA VERDAD?
“Un solo territorio, una sola bandera”

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Critica
Florencio Gálvez Flavio

Ese fue el grito característico de militantes nacionalistas y por qué no decirlo, de ciertos grupos llamados “ultraizquierdistas” durante los últimos años.

¿Pero sólo ellos tienen el derecho de lanzar esas consignas relacionadas a las legítimas aspiraciones de los panameños, de exigir soberanía total en un territorio que es nuestro?

¡Por supuesto que no!, ya que en la llamada lucha generacional por la plena jurisdicción canalera han participado liberales, socialdemócratas, arnulfistas, perredistas, partido pueblistas, troskistas, democristianos, maoístas, frentes patrióticos, campesinos, empresarios, dirigentes sindicales y estudiantiles.

Al parecer, estos grupos políticos se han dejado robar el mandado, pues los muchachos de la ultra y acérrimos perredistas como Juan Samudio, han hecho suyo este grito.

No obstante, la pregunta obligada en estos actuales momentos a pocos días de la publicitada reversión del 31 de diciembre, es la siguiente, ¿Se van o no los gringos?

Para el dirigente arnulfista Antonio Domínguez Richa, la realidad es bastante concreta.

“La señora Presidenta ha sido muy enfática en sus declaraciones con respecto a la permanencia de los americanos en Panamá”; dijo muy seguro el político oficialista.

“Al igual que finalice el período del tratado, o antes del 31 de diciembre no hay ningún acuerdo con los americanos” ni nada que se le parezca, posición coincidental del gobierno, menos Marco Ameglio, legislador arnulfista, quien tiene muchas dudas acerca de lo que se negocia o pretende pactar.

Sin embargo, a partir del 1 de enero, cualquiera conversación que se de y acuerdo al que se llegue, se dará a conocer al pueblo; enfatizó Domínguez, amigo personal de la mandataria Mireya Moscoso.

“Tal pacto o ese tratado, o como lo quieran llamar, requiere la aprobación del pueblo por medio de la Asamblea”, señaló el político.

Hizo poco caso a reclamos de grupos ultraderechistas estadounidenses, que “no conciben que el Canal sea devuelto a Panamá y eso es entendible, así se criaron y van a morir”.

Los planteamientos de Domínguez de seguro caerán como un balde de agua fría para senadores republicanos y ultraderechistas como Jesse Helms, Dana Rohrabacher y autor de varias iniciativas para presionar al gobierno a fin de que anule los contratos con Hutchinson Wampoa, una compañía de Hong Kong y continúe manteniendo una presencia militar en la República de Panamá, tras el 31 de diciembre cuando se complete la vital transición a la plena soberanía panameña.

“Hay un tratado firmado y se va a cumplir”, estas personas que están haciendo estas protestas, se dejan llevar por sentimientos antipanameños.

Lo que se quiere hacer ver al mundo entero es que Panamá está en capacidad de manejar el canal, empiezan a hacer estas protestas, y sonrió al señalar que “el... que quiere rejo, solito lo está buscando”.

“El gobierno no va a permitir que se empañe un acto tan patriótico y tan noble, como lo es el regreso de las tierras, hoy bajo el mando americano”.

“Yo me imagino que le van a dar bastante papao”, alegó Domínguez.

Mientras tanto, Miguel Bush, legislador perredista, plantea la necesidad de que los tratados Torrijos- Carter, firmados aquel 7 de septiembre de 1977 deben cumplirse.

Para aquella época, Omar Torrijos Herrera, se autodenominó “Un Dictador con cariño” y que tras la firma del pacto significaba que Panamá quedaría bajo el paraguas del Pentágono, mientras que grupos opuestos al tratado señalaron que los mismos permitían la intromisión de los americanos, al detectarse graves problemas en el Istmo que pusieran en peligro sus intereses más allá del año 2,000.

“El último soldado extranjero debe salir el 31 de diciembre a las 12 del día de este año y pienso que eso permitiría a Panamá su soberanía plena sobre todo su territorio nacional y el Canal”, y es indispensable que eso ocurra.

Se mostró de acuerdo con que se consolide en el terreno político, económico y social, las futuras relaciones con la llamada primera potencia del mundo.

“Me refiero a que debemos fortalecernos comercialmente”, o sea una relación más fuerte entre el sector privado norteamericano con el panameño”.

A criterio del político opositor, deben estrecharse las relaciones entre el Congreso y el Ejecutivo panameño con el norteamericano.

Por otro lado, restó importancia respecto a la supuesta amenaza china contra el Canal de Panamá.

“Lo que pasa cuando se dice aquella frase de que se van, nuestras relaciones con los Estados Unidos saldrán más fortalecidas”, dijo.

Reiteró que esos son grupos amamantados por George Schultz y Caspar Weinberger, del gobierno del entonces mandatario George Bush cuando nos invadió en diciembre de 1989.

“Ellos querían como botín de guerra los puertos de Balboa y Cristóbal a tráves de la Empresa Bechtel”, pero se la ganó en licitación pública la Hutchinson ellos quieren utilizar a estos senadores y congresistas”.

Presionan al gobierno panameño usando un órgano tan importante como el congreso americano, a fin de favorecer a una empresa privada norteamericana.

Le formulo un llamado a Mireya Moscoso que no caiga en la trampa que le han montado dos altos funcionarios “allegados a su administración, considerados los dos nuevos Buneau Varilla de Panamá”, y no convierta el plan de estrategia nacional elaborado en Washington, permitir a Panamá participar en el conflicto existente en Colombia.

Pero otro político liberal, Joaquín Fernando Franco, ha reiterado una posición realista y diferente a Miguel Bush y Antonio Domínguez.

Es indispensable que los panameños decidan vía plebiscito, si desean que sigan en nuestra patria las bases militares.

Debe tenerse cuidado con la amenaza de los barones de la droga colombiana, que se encuentran al lado del país y podrían trasladar su base de operaciones al Istmo, dijo el político.

Pese a esta tesis, grupos como Conusi y Monadeso (Movimiento Nacional por la defensa de la soberanía) tienen posiciones radicales contra la presencia norteamericana.

Jacinto González, Coordinador de Monadeso, manifestó que existen sectores ultraderechistas norteamericanos que buscan anular los Tratados Torrijos - Carter.

“Sectores de la ultraderecha norteamericana han venido presionando acá en Panamá”, a fin de que las tropas de aquella nación no salgan del territorio panameño, dijo Jacinto González.

Pero en medio de esta controversia entre partidarios de los gringos y sus contrarios, persiste la pregunta: ¿Se van o no, los americanos?

“El gobierno no va a permitir que se empañe un acto tan patriótico y tan noble, como lo es el regreso de las tierras, hoy bajo el mando americano”.

“Yo me imagino que le van a dar bastante papao”, alegó Domínguez.

Mientras tanto, Miguel Bush, legislador perredista, plantea la necesidad de que los tratados Torrijos- Carter, firmados aquel 7 de septiembre de 1977 deben cumplirse.

Para aquella época, Omar Torrijos Herrera, se autodenominó “Un Dictador con cariño” y que tras la firma del pacto significaba que Panamá quedaría bajo el paraguas del Pentágono, mientras que grupos opuestos al tratado señalaron que los mismos permitían la intromisión de los americanos, al detectarse graves problemas en el Istmo que pusieran en peligro sus intereses más allá del año 2,000.

“El último soldado extranjero debe salir el 31 de diciembre a las 12 del día de este año y pienso que eso permitiría a Panamá su soberanía plena sobre todo su territorio nacional y el Canal”, y es indispensable que eso ocurra.

Se mostró de acuerdo con que se consolide en el terreno político, económico y social, las futuras relaciones con la llamada primera potencia del mundo.

“Me refiero a que debemos fortalecernos comercialmente”, o sea una relación más fuerte entre el sector privado norteamericano con el panameño”.

A criterio del político opositor, deben estrecharse las relaciones entre el Congreso y el Ejecutivo panameño con el norteamericano.

Por otro lado, restó importancia respecto a la supuesta amenaza china contra el Canal de Panamá.

“Lo que pasa cuando se dice aquella frase de que se van, nuestras relaciones con los Estados Unidos saldrán más fortalecidas”, dijo.

Reiteró que esos son grupos amamantados por George Schultz y Caspar Weinberger, del gobierno del entonces mandatario George Bush cuando nos invadió en diciembre de 1989.

“Ellos querían como botín de guerra los puertos de Balboa y Cristóbal a tráves de la Empresa Bechtel”, pero se la ganó en licitación pública la Hutchinson ellos quieren utilizar a estos senadores y congresistas”.

Presionan al gobierno panameño usando un órgano tan importante como el congreso americano, a fin de favorecer a una empresa privada norteamericana.

Le formulo un llamado a Mireya Moscoso que no caiga en la trampa que le han montado dos altos funcionarios “allegados a su administración, considerados los dos nuevos Buneau Varilla de Panamá”, y no convierta el plan de estrategia nacional elaborado en Washington, permitir a Panamá participar en el conflicto existente en Colombia.

Pero otro político liberal, Joaquín Fernando Franco, ha reiterado una posición realista y diferente a Miguel Bush y Antonio Domínguez.

Es indispensable que los panameños decidan vía plebiscito, si desean que sigan en nuestra patria las bases militares.

Debe tenerse cuidado con la amenaza de los barones de la droga colombiana, que se encuentran al lado del país y podrían trasladar su base de operaciones al Istmo, dijo el político.

Pese a esta tesis, grupos como Conusi y Monadeso (Movimiento Nacional por la defensa de la soberanía) tienen posiciones radicales contra la presencia norteamericana.

Jacinto González, Coordinador de Monadeso, manifestó que existen sectores ultraderechistas norteamericanos que buscan anular los Tratados Torrijos - Carter.

“Sectores de la ultraderecha norteamericana han venido presionando acá en Panamá”, a fin de que las tropas de aquella nación no salgan del territorio panameño, dijo Jacinto González.

Pero en medio de esta controversia entre partidarios de los gringos y sus contrarios, persiste la pregunta: ¿Se van o no, los americanos?

 

 

 

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Pero en medio de esta controversia entre partidarios de los gringos y sus contrarios, persiste la pregunta: ¿Se van o no, los americanos?

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