Llegó la Navidad; momento de pinos con luces de colores, regalos, villancicos, buena voluntad, y de una avalancha de publicidad proveniente de comercios que compiten entre ellos para ver quién nos vende más cosas que en su mayoría no necesitamos.
Es el mes de los anzuelos publicitarios: compre porque es Navidad, compre porque tiene que hacer regalos a su familia, compre porque está jugando al "amigo secreto", compre porque entregaron el décimo tercer mes, compre porque ya tiene en sus manos el bono de su empresa, compre porque ya le entregaron el ahorro navideño. Compre, compre y compre.
En los tiempos en que la Avenida Central era el único centro de compras de la capital, teníamos que aguantarnos que los voceadores de los almacenes nos aplaudieran y gritaran en los oídos para motivarnos a entrar.
Hoy día, la publicidad nos llueve por televisión, radio, periódicos, páginas de Internet, teléfonos celulares y correos electrónicos. ¿Y saben qué? Tienen éxito, porque gran cantidad de panameños no pueden resistirse en gastarse cada centavo de esa quincena, décimo, bono y ahorro navideño en comprar regalos y toda clase de tonterías. La noción del ahorro está limitada a "guardar ahora para gastarlo a fin de año". En resumidas cuentas, el océano de la publicidad navideña en Panamá está repleto de peces que pican fácilmente.
Esto da luces sobre una de las tantas razones por las cuales más del 35% de la gente es pobre en Panamá: no saben establecer sus prioridades de gasto, tienen una visión distorsionada del ahorro, y ni siquiera saben qué significa la palabra inversión.
Esto es bien aprovechado por el comercio al por menor, sobre todo en épocas como esta, en la que se forran los bolsillos con el dinero de los que no pueden administrar sus propias finanzas. En enero, tienen un precioso televisor LCD en su sala, pero en la cocina el refrigerador está vacío.