La mañana de ayer, martes, recibió la misa de cuerpo presente William Sánchez, de 17 años, quien falleció el pasado viernes, tras agonizar más de siete meses.
La víctima fue sepultada en el cementerio Manuel Amador Guerrero, horas después del solemne acto religioso.
Se pudo conocer que la muerte de Sánchez ha dejado mal parada la credibilidad de la Dirección de Operaciones del Tránsito, ya que la víctima no había sido registrada en los libros de esa institución.
Por otro lado, el dolor no se hizo a ajeno a los presentes ayer, cuando a medida que el padre de la iglesia de La Merced, en San Felipe, realizaba la misa, poco a poco los familiares de la víctima por medio de las lágrimas reflejaban su disconformidad con la naturaleza humana: la muerte.
El padre del difunto, al ser entrevistado, manifestó que no se había muerto un hijo, sino un amigo, haciendo referencia al tipo de relación que mantenía con William.
ANTECEDENTES
En una cama del Hospital Santo Tomás dejó de tener signos vitales, Sánchez, quien formó parte de un grupo de lesionados que dejó un accidente de tránsito en Panamá Viejo, meses atrás.
Al parecer, la víctima viajaba en un autobús de la ruta interna de Panamá Viejo cuando se dio la colisión.
Se pudo conocer por parte de los familiares del occiso, que el conductor de la chiva está libre, además, el vehículo fue pintado y cambiado por completo como quien quisiera echarle tierra al suceso.
Del conductor se conoció que tiene varias boletas por irregularidades en el manejo, y aún así, se mantiene vigente su licencia de conducir.
La muerte de Sánchez confirma lo dicho por la ciudadanía: que las penas deben ser ejemplares para las muertes prudenciales.
¿Hasta cuándo esta lucha?