MENSAJE
Era su deporte favorito

- Hermano Pablo,
- Costa Mesa, California
Le gustaba correr con su pequeña
lancha a motor delante de los grandes barcos que entraban al puerto de
Caracas. Corría a toda velocidad en la misma espuma que levantaba
la proa de los inmensos transportes de petróleo.
Pero de tanto jugar con la muerte, un día Jorge Campos, joven
venezolano de 28 años de edad, perdió la carrera. El motor
de su lancha, mientras corría a escasos metros del navío,
perdió fuerza, y la proa lo alcanzó. Nunca se le volvió
a ver. Aparentemente las hélices lo destrozaron.
"Era una carrera loca", comentó Arturo Fernández,
policía del puerto. Fernández, que desde un helicóptero
había tomado fotografías del incidente, terminó diciendo:
"Nunca se puede ganar corriendo siempre junto al peligro".
No es sólo Jorge Campos quien corre a la par del peligro. Hay
una inmensa cantidad de jóvenes de ambos exos que están corriendo
ante un peligro mortal. No es un peligro físico, como navíos
que entran a puerto, o autos que corren carreras, o caballos que saltan
obstáculos. Ese peligro, que persiguen muchos de nuestros jóvenes
sin percatarse de su mal, es la droga. Es como el vino del que habla la
Biblia. Por "la suavidad con que se desliza... acaba mordiendo como
serpiente y envenenando como víbora (Proverbios 23:31,32). La droga
tiene para el joven el encanto de lo prohibido. Es algo que da calor y euforia,
algo que lo hace a uno "sentirse bien", como dice el adicto. Pero
precisamente en eso consiste el engaño.
Una vez que la drota ha entrado en el cuerpo, ya sea cocaína,
heroína o cualquier otra droga, se adueña de la persona y
crece dentro, y exige más, domina y esclaviza. Y llega el momento
en que el joven pierde su voluntad y no viene a ser más que títere
del maldito polvo blanco.
Al principio, todo drogadicto consume la droga voluntariamente. Pero
cuando la droga se ha hecho dueña, nadie la deja voluntariamente.
Es entonces que el drogadicto se da cuenta de que la droga es mil veces
más fuerte que él.
Jesucristo puede librar a cualquiera de esa mortal prisión. El
da el poder que vence el poder de la droga. El rompe las cadenas de esa
esclavitud, y salva a todo el que le rinde su vida.


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