"¡Ay, Dios, me mataron a mi hijo, el que era toda mi cara!"
Ese era el llanto desconsolado de una madre al tratar de asimilar cómo en cuestión de segundos, su hijo menor había perdido la vida en un hecho violento.
La violencia que afecta a todo el país y que ha hecho del distrito de San Miguelito el segundo lugar más peligroso de la República, sumó una nueva estadística.
Una cifra de carne y hueso, que es mucho más que números y que refleja una inalcanzable espiral de violencia que muchos temen que lleve al país, al abismo.
Carlos Iván Pinto Moya, de 19 años, fue asesinado de cuatro tiros en la espalda cuando se dirigía a casa de una tía en la localidad conocida como El Cucuy, en Cerro Batea.
Uno de los familiares del joven reveló que el mismo se dirigía a casa de la tía a cuidar a dos primos, cuando pasó frente a sus verdugos que lo siguieron y le dispararon a "traición".
Al parecer estos sujetos mantenían viejas rencillas con el hoy occiso, quien desde hace algún tiempo estaba congregándose en los caminos religiosos.
Esto poco les importó a los asesinos quienes no perdonaron Carlos Iván, a quienes hirieron mortalmente, y a pesar de los esfuerzos que se hicieron por salvarle la vida, murió en la Policlínica Generoso Guardia de Santa Librada.
Las autoridades montaron un operativo y dieron con la captura de varios sospechosos de haber cometido el hecho de sangre.
En este sector también falleció recientemente, Miguel Antonio Urriola, quien fue acribillado de 13 tiros, sin que se diera a conocer sobre detenidos