Era la 1: 00 de la tarde, el sol calcinaba y las piedras del camino parecían hervir. Subíamos una empina loma después de pasar la quebrada de El Nanzal en las tierras altas de Las Minas en Herrera cuando observamos a un hombre tendido en el camino. Pensábamos que había sido ejecutado y dejado en la calzada.
Al acercarnos, nos percatamos de que el hombre estaba vivo. Nos habló que no pudo subir la loma, porque tenía mucha hambre y las piernas no le respondieron, por lo que tuvo que acostarse sobre las piedras del camino.
Este hombre nos dijo que se llama Román Pimentel y no tiene en el lugar a nadie que le ayude. La persona que le ayudaba era su sobrino de Quebrada del Rosario, pero murió el año pasado por ingerir chicha de un recipiente que habían utilizado para depositar veneno; contó que el resto de su familia vive en Arraiján.
Lo llevamos hasta Quebrada del Rosario, donde nos enteramos de que Román, además de no tener a nadie, sufre de trastornos mentales.