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Sin que lo pidiera, el propio doctor Arias, me dijo: Barragán lo voy a mandar a Europa, para que estudie y se prepare bien; el país necesita de jóvenes como usted, inteligentes, que se capaciten en verdaderas universidades, no aquí en donde tenemos un College (Escuela Superior de Bachilleres).
A renglón seguido, agrega, pero usted es casado; a lo que le respondí, sí Doctor. Y, él me responde malo, eres muy joven; el hombre debe casarse como hice yo, a los 35 años; cuando se está en la plenitud de la juventud. La pregunta iba dirigida al inconveniente de estudiar, casado. Medita un instante, y continúa: Pero no... nadie sabe si hizo bien o mal; sólo el destino determina lo que le conviene al hombre. Esos conceptos, nos demuestran la firme creencia del doctor Arnulfo Arias, de las leyes inmutables e indescifrables del ADO.
Me motivó pergeñar estas líneas; la pobre respuesta que un candidato a la presidencia para el 2004 le da a José Isabel Blandón a pregunta de éste, en relación a los argumentos modernos que él, el candidato, plantearía a los jóvenes votantes que son más de un millón, Blandón en su pregunta subjetiva quería demostrar que el Arnulfismo no tiene, hoy, una doctrina que conquiste al electorado joven.
Y, como el candidato de marras, cuyo nombre omito para no hacerle publicidad política; yo le respondo a Blandón. Y lo hago con el pensamiento político-educativo de Arnulfo Arias Madrid. "Los programas escolares, decía Arnulfo hace más de seis décadas, deben inclinarse hacia resultados utilitarios tratando de mantener un equilibrio cultural, que en lugar de producir los amargados semi intelectuales, le ofrezcan a la Nación istmeña ciudadanos amantes del trabajo, artesanos especializados, que por su seriedad y su labor constructiva, sean una garantía para la sociedad.
Panamá, rico en flora y fauna, reitero, con dos inmensos mares, sin terremotos, ni eventos destructores, con apenas unos dos millones setecientos mil habitantes, no debería tener pobreza, indigentes, personas pidiendo limosnas diariamente en los buses y en la calles ¿por qué?
Con una moneda fuerte, el dólar, qué hace la empresa que toda está en manos privadas, empresarios sin iniciativa, acostumbrados a vivir recostados al gobierno de turno, pidiendo leyes que les permitan más explotación al obrero, casi esclavos, en vez de ser creativos, y producir, siempre producir. Dejar el eterno lloriqueo, limosneando siempre a la presidente Mireya Moscoso, canonjías que ella como excelente empresaria privada, aprendió del doctor Arias, a trabajar y no pedir. |