|
Todos los extranjeros son bienvenidos a nuestro país pero hay cosas que las autoridades deben investigar, en especial, cuando extranjeros residen en nuestros barrios pobres, que no nos oponemos porque muchos somos hijos de hombres que vinieron con esperanza al país.
La historia que vamos a describir es cierta y guardamos las reservas del caso. En un barrio popular existe un colombiano que distribuye droga, en esa actividad envuelve a jóvenes panameños.
Hace algún tiempo una familia cristiana y honorable fue víctima de un allanamiento y encontraron droga. El colombiano se la pasó al panameño, curiosamente las autoridades fueron directo a su casa.
El joven nacional paga cinco años de cárcel, su familia tuvo que conseguir varios miles de dólares para su defensa y nadie se atreve a señalar al paisa por miedo a las represalias de posibles sicarios que tomarán acciones contra el muchacho en prisión y la familia. La ingenuidad del joven la está pagando, reconociendo su error, pero el extranjero sigue muerto de la risa involucrando a más de nuestros compatriotas.
El narcotráfico no solamente usa a nuestro territorio para el traslado del vicio, sino que a pesar de este pequeño mercado nos infectan con su porquería ante la preocupación de las autoridades que se esfuerzan para que este flagelo salga de nuestras fronteras.
Los indigentes desgraciadamente mantienen a la transnacional del crimen con dineros que obtienen en sus robos a casas, carteras, radios de automóviles, limosnas, limpiando parabrisas de carros, etc., mientras sus capos viven en grandes mansiones. |