El tema de divorcio es sumamente importante y hasta un tanto polémico, así que debemos partir desde el principio es decir de la motivación a unirse en matrimonio.
La Palabra de Dios nos enseña la preeminencia del amor, el apóstol Pablo cita en 1 Corintios 13: 1 “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe”. Lo máximo es el amor, así que la única motivación aceptada por Dios para unirse en matrimonio debe ser el amor.
En los casos donde en las parejas solo uno es Cristiano, es decir que se unió en yugo desigual pese a que la Escritura instruye claramente sobre este particular, y con el paso del tiempo de da cuenta que no hay amor, la Biblia le dice que consienta en vivir junto con el incrédulo si es que este así lo acepta y si no, que se separe pero que se quede sin casar de nuevo. “12Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. 14Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. 15Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. 16Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer? (1 Corintios 5: 12-16)”
Es por todo esto mucho muy importante para todos los Cristianos, el conocer la Palabra y voluntad de Dios respecto a nuestras vidas en lo que se refiere al amor de pareja. Para quienes permanecen solteros, deben estar en permanente comunión con Dios a través de la oración pidiendo por sus parejas y por la persona que será su compañía de por vida. Los novios deben guardarse santos uno para el otro y validar su amor con la palabra de Dios.