Esta historia es real. Uno de estos días fue sorprendida una cajera de un supermercado del país pasando una tarjeta suya que otorga beneficios a los clientes, todo porque la persona no la tenía a mano. La cliente, al detectar la inmoralidad, llamó inmediatamente a la supervisora, pero ésta no se inmutó en sancionarla o llamarle la atención por la mala práctica.
Si los dueños de estos establecimientos detectaran estas irregularidades, estaríamos erradicando en gran manera un sistema de corrupción en cadena que inicia desde el punto cero. En el caso en mención, el punto de partida pasa por cajeras, supervisores e, inclusive, los agentes de seguridad.
Conseguir un empleo en estos tiempos es muy difícil. Muchos harían todo lo que esté a su alcance para lograr estabilidad o pagar el seguro social para la medicina de sus hijos, sin embargo, existen personas que sin razón justificable se hacen los vivos para aprovecharse de los beneficios destinados a satisfacer a una clientela. Se trata de un juego sucio a sus propias empresas. No es que los empresarios están para regalar dinero por regalar. Es una cuestión de mercadear una marca para obtener una clientela fiel.
Por razones obvias, hemos omitido el nombre, pero esta situación es casi a diario y la única manera de detectarlo revisando las cámaras de circuito cerrado para comprobar el hecho y aplicar sanciones.
Un buen ciudadano no comete ilícitos. No se burla del sistema social imperante, por el contrario, colabora para mantener un 'status quo' en plena armonía, de acuerdo a las normas vigentes que rigen a las naciones y a las sociedades, sean estas cívicas o privadas.
Ojalá este escrito haga recapacitar a las personas que se dedican no solo a pasar la tarjera, sino a hacer un grave daño a las instituciones del estado que esperan honestidad.