DEPORTES


Grandes Ligas de pies a cabeza

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Aurelio Ortiz G. ([email protected])
Crítica en Línea

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El pelotero Rubén Rivera (der.), le da un beso en la mejilla al pequeño Carlos Julio durante la visita del atleta al Hospital del Niño.

Aquella sonrisa que se dibujó en su rostro iluminó como un sol radiante la sala del Hospital del Niño donde está internado. El reflejo de asombro y la impresión de ver a uno de sus héroes acercarse a su cama fue algo más que emocionante.

Eran las 6:18 de la tarde de ayer, cuando el pequeño Carlos Julio de 11 años de edad recibió una visita más que inesperada. Si señores... frente a él estaba parado nada más y nada menos que el pelotero de la selección nacional Rubén Rivera.

Carlitos, quien fue uno de los afectados por las llamas de los fuegos artificiales durante el accidente ocurrido el día miércoles, casi no lo podía creer.

Con el animó de cumplir el sueño del pequeño y tentado por ese sentido humano que siente todo ser, los jugadores Sherman Obando, Julio Mosquera y Rubén Rivera, así como el técnico de la selección mayor, Omar Moreno, se tomaron un rato, luego de las prácticas de ayer, para visitar al pequeño, con el firme convencimiento en que esa decisión servirá para acelerar la recuperación del jovencito.

"Esperamos que te mejores... aquí te traigo esta bola, esta tarjeta y estos globos en nombre de todos los del equipo para que la guardes", dijo un Rivera muy emocionado, mientras Carlitos extendía su mano para recibir sus regalos. "Te prometo que si Dios quiere y llegamos a la final tu vas a hacer el lanzamiento de honor el día del campeonato para orgullo tuyo y de todos nosotros", agregó el pelotero mientras que el niño permanecía mudo y con un semblante como si estuviera flotando en la nubes.

Era tal vez el mejor momento de su vida. Durante ese lapso y mientras más transcurría el tiempo, Carlitos no parecía sentir dolor en su cuerpo. Simplemente era feliz y eso se podía notar en sus ojos. El papel que jugó el Comité Organizador del Torneo Panamericano para cumplir la misión fue fundamental para que los jugadores pudieran entrar al recinto.

Así dejamos al niño, en medio de la alegría de ver a sus ídolos... Los mismos que no lo abandonaron y demostraron que para ser Grandes Ligas, hay que serlo de "pies a cabeza".

 

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