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Hace pocos días, funcionarios estatales comenzaron a recoger sombreros con la bandera panameña. Los chicos del barrio, aquellos que nada tienen que hacer, habían vendido varios de los "souveniers", incluyendo banderolas para automóviles, pañoletas y demás artículos con los colores rojo, blanco y azul. Me dio mucha lástima ver la cara de esos jóvenes, frustrados ante la supuesta ley que impide publicitar o hacer propaganda comercial de los Símbolos Patrios. La gran pregunta es: ¿Por qué la persecución a muchachos que promocionan el valor nacionalista, que buscan ganarse la vida, mientras que en otros países como México, Estados Unidos, Canadá, Brasil y Francia, se hacen hasta vestidos de baño y gorras con diseños de las banderas nacionales de esos países? Como la cosa está tan dura, en nada ayuda la prepotencia de las autoridades civiles, recogiendo productos que promueven indirectamente el valor patriótico. Estimados señores, cuando los chicos de los semáforos venden banderas, todos recordamos que viene el mes de noviembre y los desfiles.
Panamá cumple 98 años de independencia. El tres de noviembre de 1903, los próceres comenzaron el proyecto de hacer una nación de la nada, casi sin recursos ni preparación administrativa autónoma. Nuestra Patria nació con la esperanza de lograr el pleno desarrollo nacional, el progreso continuo y la seguridad de vivir en libertad. Pero, ¿Se habrán logrado esos objetivos? Para comenzar, el Istmo se separó de Colombia, pocos meses después de la Paz del Wisconsin en 1902, que puso fin a una cruenta guerra civil entre liberales y conservadores. Nacimos con el apoyo directo de los Estados Unidos de América. Empero, ese respaldo tenía un motivo: valió hacer alianza con los panameños, ante el rechazo colombiano al Tratado Herran-Hay, para la construcción de un canal interoceánico en el corazón del país. En Washington, el presidente norteamericano Theodore Roosevelt y el francés Philippi Bunau-Varilla, negociaron la soberanía de Panamá, comprometiendo nuestra independencia, con un convenio mediatizado, que nos imponía a perpetuidad la presencia militar estadounidense en torno a la futura vía acuática que se construiría luego.
Desde el 31 de diciembre de 1999, Panamá recobró su completa soberanía en su territorio, gracias a los pactos canaleros de 1977. Años de luchas amargas, sufrimientos, esfuerzos y cambios sociales, transformaron a este pequeño país de 75,517 kilómetros cuadrados, que ni siquiera tiene tres millones de personas. El Istmo vive las secuelas de las crisis mundiales. Hoy, aunque se generan muchas ganancias por el cruce de barcos por el Canal, a pesar que existe una Zona Libre en Colón, proliferan miles de empresas comerciales y tenemos un centro bancario internacional, cerca del 20% de la población no tiene empleo, además que no perfeccionamos académicamente a nuestra juventud para hacerla competitiva en la realidad agobiante que tiene este mundo. Recuerden. Nuestra Patria nació para que los panameños tuvieran un futuro mejor. No para que unos pocos hombres se convirtieran en ricos y millones se quedaran en la pobreza extrema toda la vida. Ojalá nuestros gobernantes cambiaran su forma de trabajo, para ayudar al más necesitado, en vez de los más poderosos. |