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El panameño común hace política solo durante las elecciones. El resto del tiempo, es decir, durante los cinco años de gobierno, nadie hace nada ni mueve un dedo. Esto se debe, en parte, a que nadie cree en nadie, y se tiene la idea que la política es sucia y es mejor no mezclarse en eso.
En parte tienen razón. Durante todo el tiempo que duró la Cruzada Civilista, cientos de miles de panameños se lanzaron a las calles a apoyar los ideales de libertad, y siguieron a muchos dirigentes políticos que después -cuando pasó la invasión y tomaron el poder- traicionaron la causa panameña y se pusieron a pelearse entre ellos por el control del poder político y económico que viene con él.
Rapaces, se despedazaron unos a otros, se olvidaron de la democracia, y volvieron a prácticas sucias y deshonestas de antes de 1968, desilusionando al pueblo que les dio su confianza. Por eso es que ahora mucha gente ni voltea a mirar hacia la política, porque ahí no hay nadie en quien confiar.
Y ese es un error. Si participáramos más; si cada vez que uno de ellos hace algo que no está de acuerdo con la cordura, la democracia y la justicia, nos tiráramos a las calles y presionar, otro gallo cantaría. Pero el panameño es muy cómodo, está desilusionado y no quiere trabajar por un mejor país. |