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FAMILIA
CUIDADO CON SU BEBé La cirrosis puede iniciar temprano

Tomado
De CNN
Muchos padres se han visto en la situación de dejar a su bebé recién nacido en el hospital durante unos días luego del parto porque su piel se puso amarilla. Esta situación, que se conoce como ictericia, es bastante común y por lo general no produce ninguna secuela en la salud del pequeño. Sin embargo, cuando este cuadro persiste y va acompañado de otros síntomas, podría ser un indicio de que el niño sufre algún trastorno hepático más serio que necesitaría de atención inmediata. "Hay alteraciones del hígado con las que se nace o bien que algunos bebés manifiestan a los pocos días de haber nacido. La principal y la más seria es la llamada atresia de las vías biliares", explica Sergio Cereza, gastroenterólogo de la Clínica Las Condes, en Santiago de Chile. Los niños que nacen con esta dolencia sufren graves alteraciones hepáticas, pues carecen de los conductos necesarios para vaciar la bilis del hígado. Para tratar esta patología es fundamental que el diagnóstico se haga antes de los dos primeros meses de vida. En estos casos, se realiza una operación llamada cirugía de Kasai, en honor al especialista japonés que la desarrolló. Esta operación consiste en tomar una parte del intestino delgado y utilizarla como conducto de salida del hígado. Entonces la bilis sale por el intestino hacia abajo, proceso que se conoce como hepatoenteroanastomosis (o unión entre el hígado y el intestino). Para diagnosticar la atresia de la vía biliar es imprescindible poner atención a los siguientes signos: - Ictericia o color amarillento de la piel por un período prolongado, esto es, cercano o superior a los catorce días. - Color blanquecino de las deposiciones. "Ante estos síntomas, los padres deben acudir al especialista. Sin embargo, la información final sólo la dará la biopsia (muestra de tejido) de hígado", explicó Cereza. VIRUS Y BACTERIAS: OTRO SIGNO DE ALERTA Otras enfermedades del recién nacido contraídas inmediatamente después de nacer pueden ser trasmitidas por su madre a través de la placenta en el momento del parto. Este es el caso de las hepatitis A y B. "Dependiendo de la causa, el tratamiento puede variar. Algunos cuadros mejorarán con el tiempo, pero lamentablemente, otros dejarán secuelas que preparan el camino para la cirrosis hepática", afirmó Cereza. El especialista explicó que así sucede en el caso de la hepatitis por virus B. Por ello, en varios países está institucionalizada la vacunación contra este virus a todas las madres embarazadas. Existe otro grupo de niños que, debido a ciertos trastornos genéticos, nace con alguna alteración en el metabolismo. Esto hace que, por ejemplo, desarrollen enfermedades hepáticas por intolerancia a ciertos compuestos. La razón está en que su organismo no cuenta con la presencia y la acción de ciertas enzimas. En algunos casos, si el pequeño no tiene la enzima esencial para procesar los azúcares, es posible que desarrolle cirrosis al no poder manejar los azúcares, que se irían acumulando en el hígado.
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