El ser humano, consciente de su papel protagónico en el seno de la sociedad, debe ser del pensamiento que para lograr una libertad real y digna, hay que ganársela y saberla conquistar. Los panameños, hoy en día, también debemos estar conscientes que en el mundo hay muchas más almas y espíritus, que tierras sin cultivar.
Con el aumento de la población mundial y sin políticas y técnicas agropecuarias dirigidas a conservar el recurso suelo, llegará, lamentablemente, el día en que no exista pedazo de tierra alguna para conquistar ni para producir los alimentos.
En ese sentido, los panameños, desde sus hogares, velar por el futuro de nuestros hijos, tenemos la obligación de educar de cara a ello, implantar un sistema que promueva la autoestima en los jóvenes, el amor propio y crear la necesidad de estudiar para ser libres, toda vez que la educación es el activo más preciado e importante que las personas poseemos, y es quien nos da la verdadera libertad, es la llave para erradicar la pobreza. De acuerdo a la filosofía Hindú, cuando el ser humano se enamora de la Diosa del Conocimiento, la Diosa de la Abundancia entra en celos y comienza a seguirlo. En otras palabras, quien ignora y es indiferente a la abundancia, y se dedica a aprender, a saber y a conocer, ésta le viene sola.
Los Estados, garantes de la vida de sus asociados, tienen por tal, la obligación de fiscalizar y proveer alimentos a los estudiantes de los campos y a los de las urbes, que realmente los necesitan, para que la debilidad y el hambre no les apague el brillo de sus ojos y puedan asimilar los aprendizajes, los organismos sin fines de lucro apoyar con la promoción, incentivo y estímulos para que los estudiantes se afanen por la lectura y por el conocimiento. Sócrates enseñaba de aldea en aldea, de campo en campo y de casa en casa, para él era deber el hombre educarse y luego educar a otros.