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El ilusionista estadounidense David Blaine salió tambaleándose y sollozando de una caja de plexiglás en Londres el domingo, para poner fin a una proeza de 44 días sin comer que atrajo tanto a admiradores como a detractores que le arrojaban huevos en las orillas del río Támesis.
Visiblemente más delgado, sucio y sin afeitarse, Blaine se quebró mientras una multitud vociferante de miles de personas vitoreaban a este neoyorquino de 30 años, cuya prueba de resistencia le hizo ganar adulaciones y ridículo.
"Aprendí qué fuertes somos todos como seres humanos," dijo Blaine, deteniéndose para respirar y apoyándose en ayudantes que lo sostenían. "Aprendí a apreciar las cosas simples de la vida, como la sonrisa de un ser amado o de un extraño, la luz del sol o el crepúsculo." Blaine se sometió a una prueba por un equipo médico antes de ser llevado en ambulancia al hospital. |