La paz y la seguridad internacionales son bases fundamentales de un mundo civilizado, en donde el progreso trasciende a todos los pueblos, bajo la armonía diplomática y el silencio de las armas. Quien promueva esta máxima, merece reconocimiento internacional.
Barack Hussein Obama, el presidente de los Estados Unidos, se convirtió el pasado 9 de octubre en el tercer mandatario norteamericano en obtener el Premio Nobel de la Paz, durante su gobierno, emulando a Teodoro Roosevelt y Woodrow Wilson. También el reconocido Jimmy Carter ganó dicho galardón por impulsar la estabilidad global.
Sin embargo, las dudas y la especulación surgen luego que Obama ganara este premio que entrega la Academia Sueca. Pero con candidatos más polémicos en la lista, como Piedad Córdoba (la diputada izquierdista que hace de enlace con los guerrilleros colombianos de las FARC), el líder gringo ganó fácil la contienda.
Recuerden primero, estimados amigos, que Obama impulsa el cierre de la polémica prisión en la base naval norteamericana en Guantánamo, que en su tiempo detuvo hasta 500 supuestos terroristas afganos y musulmanes, algunos vinculados a la red Al-Qaeda. Empero, varios de los detenidos eran personas inocentes, que en nada tenían que ver con el terrorismo. Un error que costó más enemigos para EE.UU. en el mundo islámico. Por ello, el presidente norteamericano hizo planes para clausurar esta cárcel, en donde la Agencia Central de Inteligencia (CIA) torturó a los detenidos.
Otro aval para Obama fue suspender los planes de instalar un sistema antimisiles en Europa Central, ante la posible amenaza nuclear de Irán y Corea del Norte. Los cohetes interceptores estarían colocados en Polonia y República Checa, cerca de la frontera con Rusia. Por supuesto, Moscú pensó de inmediato que esto era parte de un plan para encerrarlo, ante la expansión defensiva de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en sus predios.
Simple y sencillo, Obama retira los planes de incrementar el armamentismo en Europa, luego que los rusos decidieran también instalar sus misiles en Kaliningrado. Eso pocos lo notaron, pero fue clave para la seguridad y paz globales.
Un elemento final para que Obama ganara el Premio Nobel fue su misma elección como presidente de EE.UU. en noviembre de 2008. Al ser el primer mandatario gringo de raza negra, termina con las barreras raciales en Washington, dando aire a los grupos étnicos minoritarios.
El aura positiva y el estrellato mediático beneficiaron a Obama, el cual ganó fama internacional al revertir las políticas imperialistas de su predecesor, George W. Bush, el cual era mal visto por los europeos, en especial los suecos que eligen al ganador del galardón más importante del mundo.
Todavía falta mucho por ver de la gestión de Obama, que termina en 2012. De seguro, serán años de prosperidad económica y de entendimiento diplomático.