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¡Qué emocionante llegar a la casa para sentarse frente al televisor y ver a todo color la guerra! Tengo preparadas montañas de palomitas de maíz para disfrutar en primera fila la guerra televisiva. Todavía recuerdo cómo los misiles caían en Irak y mataban a miles de personas de Saddan Husseim. Aunque no lo tumbaron, siempre he pensado que habrá "una segunda parte" de la madre de todas las guerras.
Pero por allí dicen que en esta guerra del siglo veintiuno no hay tanto espectáculo de televisión, cosa que lamento. Nada hay más relajante que un día lleno de politiquería panameña, de frustraciones, de gente quejándose de la falta de empleo, que ver cómo la tecnología moderna apachurra a los infieles talibanes.
Cómodamente sentado, con los pies en un taburete, las manos llenas de palomitas de maíz y una fría bebida de cola, la guerra es el mejor entretenimiento televisivo. Deja a un lado las telenovelas y los programas juveniles descocados, lo mismo que los de chistes de mal gusto. (Así lo pasé el domingo).
Y a esos "piojosos" hay que darles con todo, como bien dijo mi amiga Periquita. Ella que va todos los domingos a misa, considera que los talibanes son parientes cercanos del mismísimo Lucifer.
"¿No les ve esas barbonas llenas de piojos? Por eso hay que matarlos a todos", dijo seriamente el otro día. Quise explicarle que la barba era un estilo, que el mismo Jesús tenía la suya, pero ella no escucha razones.
"Además ese turbante debe tener sucia y hedionda la cabeza a esos árabes que hay que matarlos a todos", gritó histérica la pobre Periquita, mientras se santiguaba.
Inútil fue decirle que todos los árabes no eran talibanes; que la mayoría de los musulmanes no eran extremistas. Como ella, hay muchos en el mundo que no distinguen los detalles y piden sangre para vengar el horroroso atentado de las Torres Gemelas de Nueva York.
Hermoso es escuchar sesudos análisis de expertos americanos (que saben español) y de latinos, sobre lo que ocurre en esta nueva guerra televisiva. Emocionante es la competencia entre las grandes cadenas de TV por ver quién consigue la mejor noticia; quién presenta más muertos y por supuesto, la captura de Osama Ben Laden que, a no dudarlo, será la noticia del año.
No importa que la mayoría de los televidentes no tengan una idea precisa del terrorismo, el movimiento talibán, Afganistán. Mucho menos el papel de la CIA como creadora del monstruo Ben Laden (lo mismo que ocurrió aquí con nuestro Noriega, el talibán criollo).
Nada de eso importa, porque son detalles. Lo único valedero es el "rating", la sintonía mundial de las televisoras, los hermosos ataques "a todo color" con sonido ambiental y efectos especiales, que nos alegran la existencia.
Ahora podemos respirar tranquilos. El mundo ha sido salvado otra vez de la barbarie por los Estados Unidos. Tank you, Mr. Bush... en nombre de la humanidad... ¡Aleluya! |