FAMILIA

MENSAJE A LA CONCIENCIA
Como en los tiempos bíblicos

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Hermano Pablo
California

¡Adúltera!, declaró el juez. Y dejó caer el fatídico martillo. El fallo fue contra Tahireh Naquí por infidelidad contra su esposo. El cómplice en el delito fue Bahman Karimi. El juez condenó tanto a Tahireh como a Bahman, declarando culpables a los dos en el mismo grado.

Las sentencias se cumplieron en el pueblo de Qom, 120 kilómetros al sur de Teherán. Al hombre, Bahman Karimi, lo ahorcaron públicamente frente a la oficina del alcalde; a la mujer, Tahireh Naquí, la apedrearon. Todo esto era parte de la muy estricta ley musulmana en la república de Irán.

He aquí una noticia que parece que procediera de los tiempos bíblicos, como si reviviera la antigua ley de Moisés, o como si hubiéramos extraído el caso de las páginas del Nuevo Testamento.

En el Evangelio según el apóstol San Juan, capítulo 8, tenemos una historia muy parecida. A una mujer israelita la sorprendieron en el acto de adulterio. El relato bíblico dice que la llevaron al centro de la ciudad para condenarla. La mujer sabía lo que le esperaba: la muerte por apedreamiento. Así lo dictaba la ley; el decálogo de Moisés era inviolable.

Una cantidad de hombres, escribas y fariseos, se armaron de piedras. Pero éstos, en su hipocresía, querían más que nada incriminar a Jesús. Así que llevaron la mujer a Jesús y le dijeron: Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?

Jesús se dio cuenta de la trampa. Si decía: "Tengan misericordia de ella", hubiera ido contra la ley de Moisés. Pero si decía: ¡Apedréenla!, hubiera ido contra su propia enseñanza de amar al prójimo y mostrarle compasión. Así que en su divina sabiduría les dijo:

Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Ante ese martillazo contra su conciencia, todos aquellos verdugos dejaron caer sus piedras y se retiraron, avergonzados, en silencio. Si los hombres de Irán que apedrearon a Tahireh Naquí le hubieran hecho a Jesús la misma pregunta, ¿qué hubiera dicho Él? Hubiera dado la misma respuesta, e igual que en la Biblia, los verdugos se hubieran alejado del escenario avergonzados. Luego le hubiera dicho a la mujer iraní lo que le dijo a la adúltera de la Biblia: Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar. Cristo perdona a todo pecador que humildemente se arrepienta. Los hombres condenan; Cristo perdona.

 

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