Líderes de más de medio centenar de países expresaron su compromiso para una lucha eficaz y realista contra la pobreza y el hambre en el mundo.
La cumbre del hambre, que se celebró en la sede de la ONU en Nueva York, estuvo promovida por Brasil, España, Chile y Francia, y contó con la presencia del director gerente del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, y el presidente del Banco Mundial, James D. Wolfensohn.
Las propuestas presentadas en esta cumbre van desde gravar el comercio de armas hasta los llamados derechos especiales de giro (DEG), que permitirían disponer de recursos inmediatos.
Otras medidas planteadas se refieren a la evasión fiscal y los paraísos fiscales, las aportaciones voluntarias a través de tarjetas de crédito o la mejora del efecto de las remesas, que actualmente asciende a unos 80.000 millones de dólares anuales, cifra superior a los flujos de ayuda oficial al desarrollo.
El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, el principal impulsor de esta iniciativa, pidió a los países desarrollados respuestas audaces contra el hambre, al que calificó como las "más cruel de las armas de destrucción masiva" y dijo que "el hambre mata a 24.000 personas por día y a 11 niños por minuto".
El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, llegó con el compromiso de duplicar la actual ayuda de España al desarrollo al 0,5 por ciento de PIB y alcanzar el 0,7 por ciento en la siguiente legislatura.
El presidente chileno, Ricardo Lagos, subrayó que en el mundo existen los conocimientos y recursos para reducir el hambre, lo único que hace falta es "actuar".