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Hace un año, la revista Newsweek publicó un reportaje sobre Colombia. La foto de destaque eran dos guerrilleras de las FARC, ambas adolescentes empuñando un fusil AK-47. Las miradas decían todo: confundidas por el lavado ideológico socialista, sufrimiento y agresividad.
Esta semana que termina, Human Right Watch denunció el hecho que más de 11 mil niños y adolescentes están en las filas de los grupos insurgentes colombianos. Para efectos, el 70% están en las FARC, la más grande de Colombia; 20% están en el grupo guevarista ELN y el 10% en los frentes paramilitares.
Secuestradas a la fuerza, violadas e incluso hasta obligadas a abortar a los 12 años, las mujeres jóvenes que forman parte de los grupos rebeldes del vecino Colombia evidencian una marcada situación intolerable.
¿Porqué una niña que juega con sus muñecas y sueña con un futuro mejor, debe convertirse en una asesina al mando de la izquierda rebelde paisa? ¿Qué de esos niños que deseaban ser futbolistas en la liga colombiana o emular a Ronaldo, pero ahora luchan contra el Ejército Bogotano?
Tanto los dirigentes insurgentes como el gobierno colombiano deben hacer un mayúsculo esfuerzo por rescatar a esos chiquillos y salvarlos de perder sus vidas.
Truncar la vida de la generación futura es dañar a nuestra civilización. Recordemos que los niños serán los hombres y mujeres del mañana. |