El béisbol pasará por otra vergüenza. La invitación a Puerto Rico lo demuestra inequívocamente. El béisbol asistía casi a todas las competencias con luz propia. Se ganaba su participación en el terreno de juego. Ahora, los dirigentes se conforman con una invitación. No les importa entrar a una competencia por una invitación.
El béisbol panameño acaba de cumplir la más vergonzosa actuación de su historia. En los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Panamá solo le ganó a Islas Vírgenes y a Guatemala. Los panameños pierden y pierden. Sus dirigentes llegan al país y no le explican a nadie los motivos de las derrotas. Entre risotadas e irresponsabilidades, tanto el presidente de la Federación como los directores buscan y rebuscan, y a los pocos días vuelven a Pandeportes a buscar dinero, y lo logran sin ningún esfuerzo.
El béisbol contemporáneo es de limosna, porque su calidad no se equipara a países que, en el pretérito, estaban muy por debajo de nosotros. Es una calamidad que merece una evaluación objetiva por parte de la entidad oficial.
El deporte panameño marcha de lo peor. La incapacidad existente en Pandeportes es evidente.
Ahora se ha inventado el cargo de gerente para acomodar a amigos fracasados. No puede ser que a una distancia de un mes del fracaso de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, donde el béisbol pudo lograr dos pírricas victorias, Panamá vaya a otra competencia internacional y de limosna.