Cuando un fanático decide asistir a un estadio, de la disciplina que sea, es con la intención de divertirse y de apoyar, de manera segura, a su equipo.
Los dos deportes de mayor convocatoria en Panamá, béisbol y fútbol, son afectados por la falta de seguridad en los estadios, y sus seguidores se ahuyentan.
El 5 de mayo en el Estadio Nacional, los fanáticos de Bocas del Toro y Chiriquí terminaron dándose golpes. ¿Y la policía, y la seguridad, dónde están? Bueno, los señores de uniforme en ese momento fueron opacados por la cantidad de fanáticos y por el exceso de violencia.
Este pasaje funesto del béisbol nacional llevó a una reunión en la que se decidió que antes de cada evento de asistencia masiva había que inspeccionar, pero las palabras se las lleva el viento.
Lo mismo pasó en la final de la Liga Panameña de Fútbol (LPF), el 14 de mayo, el gas pimienta fue el invitado no esperado de la fiesta.
La estrategia de sólo abrir dos puertas del estadio más el gas pimienta no fue la mejor.
El 11 de agosto, las cosas no fueron nada agradables. Ese día, 23 mil almas llenaron el estadio. Esta vez, la cantidad de gente ya le daba suficiente trabajo a la policía. Y nuevamente el gas pimienta y la vara policial eran protagonistas, esto sumado a los robos que se dieron en los estacionamientos y el tranque a la salida del coliseo.
Haciendo memoria más corta, el 3 de septiembre, en el choque Panamá Costa Rica, y el 7 frente a Trinidad y Tobago, las cosas no fueron nada acogedoras.
Frente a Costa Rica, nuevamente el problema para entrar al coliseo. Según algunos testimonios, pasados los 30 minutos del choque frente a los ticos, aún había gente afuera.
Contra Trinidad, con menos gente, se repite la historia de represión de la policía que, a diestro y siniestro, lanzó gas pimienta en uno de los túneles afectando a los mismos jugadores, mientras que la seguridad privada se dio gusto repartiendo puños y bofetadas a lo interno del estadio.