CUARTILLAS
Aguilucho

 

Milcíades A. Ortiz Jr.

En el mes de febrero del próximo año cumpliré cuarenta años de haberme graduado de Bachiller en el Instituto Nacional.

¡Cómo pasa el tiempo!, ya no es una frase hueca para los más de cuatrocientos sesenta jóvenes, convertidos hoy en personas maduras (no aceptamos eso de ser viejos), barrigones en su mayoría, y con poco cabellos casi todos.

Cuando nos reunimos hablamos de los nietos, ya que pasó la época de conversar sobre los hijos. Realmente nos reunimos poco, porque cada uno anda ocupado en sus cosas, aunque algunos están jubilados por haber seguido la carrera educativa.

Nuestra graduación fue la más numerosa del llamado Nido de Aguilas y se hizo en el patio del plantel. Yo no subí a recibir el Diploma en señal de protesta, porque se decía que el Ministro de Educación del momento los entregaría.

Resulta que mi generación institutora fue atacada por "francotiradores anónimos" en una de sus huelgas. Murieron en mayo del cincuenta y ocho varios jóvenes. Estos mártires de la lucha por "más escuelas y menos cuarteles", creo que no han recibido el reconocimiento adecuado de esta patria, mezquina con quienes dan la vida por un ideal.

Pertenecí a una generación estudiantil rebelde, que junto con la anterior, resucitó la Federación de Estudiantes de Panamá. En aquella época los estudiantes organizados se convirtieron en un problema para los llamados "gobiernos oligárquicos".

Y la policía se lucía tirándonos los cabellos (que nosotros neutralizamos echándoles maíz o bolitas de cristal a las patas, para que se cayeran).

Eramos jóvenes inquietos; nos preocupaba la situación panameña ante la soberanía y el Canal. Muchos de nosotros leíamos libros de política, filosofía, religión, literatura, buscando nuevos horizontes a nuestra vida.

Aunque debe admitir que había de todo en esa numerosa generación de aguiluchos: los que no se preocupaban por la política sino el "romanceo" (las parejitas bajo los árboles de almendras eran famosas). Otros sólo pensaban en la diversión (los fiesteros) y pocos eran los "indiferentes", que no se metían en nada y parecían no existir en el glorioso Nido de Aguilas.

Yo pertenecía al grupo de los activistas en política estudiantil, a los que salíamos a la calle pidiendo mejores días para el país. Y nos enfrentábamos a la Policía a punta de piedras, lacrimógenas, autos quemados, etc.

Hay se habla de cerrar el Instituto Nacional, lo que sería absurdo. Si el colegio está en malas condiciones físicas, habría que buscar una solución que dejará a todos contentos. Pienso que se podría mejorar una sección para que siguiera como escuela, para que no muera la tradición institutora.

El resto de la sólida edificación debería convertirse en un museo del nacionalismo y la rebeldía juvenil. Así todos los sectores quedarían satisfechos con esta solución.

Nuestra actual juventud necesita más ánimo e ideales para enfrentarse al futuro. Estudiar no solamente es saberse las tablas, geometría, y recitar como papagayo las lecciones. Un estudiante debe prepararse para ser un buen ciudadano y defender a su patria. Buscarle mejores días es una manera de serlo.

¡Pobre de aquellos pueblos que no tengan una juventud luchadora! Podrán equivocarse los muchachos algunas veces, ser manipulados por ideas y personas, pero eso es mejor que tener una juventud apática, dedicada solamente a la droga y los placeres de la carne...

"Todo por la gloria institutora", es un lema que todavía hincha mi pecho y me llena de energías. Estoy seguro que así ocurrirá en muchos aguiluchos, no importa su edad. Esos "halcones que un día volarán" han hecho mucho por este país y ese legado no puede perderse.

¡Mejoremos el Instituto Nacional y nunca pensemos en destruirlo!

 

 

 

 

 

 



 

AYER GRAFICO
"El Cholo" Durán le pide protección a la Virgen María.


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, vendo chances y billetes "casados".


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