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Es horrible sentirse mal. Igual de horrible es que el cuerpo no responda como antes, pues es obvio que algo está fallando. Nuestros ojos delatan que dentro de nuestro cuerpo se está librando una batalla, aunque no nos demos cuenta. La lucha de nuestros aliados, los anticuerpos, es terrible. Nos espera la derrota y, como consecuencia, una terrible enfermedad.
Viene lo que se denomina fiebre, que más bien es un mecanismo de alarma que indica que algo está mal. Las infecciones son quizá los eventos más frecuentes que desencadenan este mecanismo.
Los cuadros infecciosos virales o bacterianos causan frecuentemente fiebre. Existen muchas otras causa de fiebre como enfermedades alérgicas e inmunológicas, tumores, etc., por ello es importante esclarecer la causa. Nadie puede trabajar en estas condiciones.
El sistema laboral protege al trabajador cuando ocurren estos casos. Una incapacidad de uno o más días, firmada por un profesional de la medicina, es el único requisito que se necesita para ausentarse del trabajo con justificada razón, pero cuando vemos casos de ciudadanos que deciden abiertamente ausentarse diciendo: "ey chief, mañana no vengo porque me siento mal". Pasan tres días "en cama" y al cuarto día se les ve en las discotecas 'pachangueando' como si nunca se hubieran enfermado.
Dicen que tío conejo sabe más cuentos que cualquiera. Por eso es que nadie lo cuentea al momento en que un conejito trate de armar una excusa para escaparse de la madriguera. Si sale de la cueva, afuera, de todas formas, lo esperará el lobo feroz. |