 |
Flash Collins  |
En París, Kim Collins, un velocista de 27 años nacido en San Cristóbal y Nieves, abanderó en la final de 100 metros una inesperada revolución que dejó fuera del podio a los colosos estadounidenses, por primera vez desde hace ocho años, y al campeón de Europa, el británico Dwain Chambers.
Con una marca personal de 9.98, Collins se plantó en la final sin ruido, relegado a la calle uno, la de los corredores modestos y con un tipo bien distinto al de los musculosos ‘esprinters’ norteamericanos y británicos.
Con sólo 64 kilos de peso corporal para un cuerpo de 1,75 metros de estatura Collins ofrecía una imagen de fragilidad, pero sus piernas se movieron con inusitada fluidez frente a los pesos pesados y terminó venciendo sin necesidad de bajar de 10 segundos (10.07).
La revolución del esprint se completó con el segundo puesto (10.08) de un larguirucho corredor de 18 años, el trinitense Darrel Brown, que en las series había batido el récord mundial júnior con 10.01, y el tercero del veterano británico Darren Campbell con idéntico registro que el medallista de plata y el mismo que Chambers, pero éste último se quedó fuera del podio.
Tim Montgomery, el ser humano más rápido del planeta, sólo pudo ofrecer un sexto puesto a la madre de su hijo Tim, Marion Jones, que al final de la recta del estadio de Francia le esperaba ansiosa entre las cámaras de televisión desde su puesto de entrevistadora. |