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EDITORIAL
Llamarada de capullo
Después de una expectativa de más de una semana, el pueblo sufrió una gran decepción con los cambios de gabinete anunciados por el Organo Ejecutivo. Dichos cambios que son cosméticos y con un maquillaje que no termina de convencer a las grandes mayorías de este país, provoca una gran desilusión por cuanto el pueblo esperaba que se renovaran estructuras que no le han permitido avanzar al gobierno de Mireya Moscoso. Norberto Delgado y Pëdro Adán Gordón ocupan las carteras de economía y finanzas y de Desarrollo Agropecuario, respectivamente, mientras que Víctor Juliao fue trasladado al Ministerio de Obras Públicas. Lo anterior, es considerado por las fuerzas vivas del país como una pérdida de oportunidad de la Presidenta para un cambio radical en el equipo de gobierno. El Gobierno proyecta una imagen de que solamente son proyectos que no llegan a despegar, aparte de la incertidumbre que hay en los despachos públicos sobre los despidos masivos que no se frenan por el revanchismo político de los altos jerarcas en el poder. La presidenta Moscoso parece ignorar que esa incertidumbre a que hacemos referencia es la que no deja trabajar con tranquilidad a los servidores del Estado que viven con la zozobra de ser despedidos por los giros que da la situación. La actual administración no tiene excusa y es hora de que se ponga a trabajar en serio y que los funcionarios públicos se dejen de intrighas y bochinches, aparte del revanchismo político, porque eso no los deja funcionar. En verdad, aquí no ha pasado nada fundamental y como dice la canción, "La vida sigue igual". Los cambios no tienen ninguna significación y es irresponsable aquello de que los ministros pusieran sus cargos a disposición sin ningún resultado eficaz. El engranaje gubernamental también está preocupado por las elecciones de la Junta Directiva de la Asamblea Legislativa como si ello fuera algo trascendental, cuando los beneficiarios será únicamente los legisladores y los partidos políticos. Pero con esas falsas expectativas nos distraen la atención de problemas más prioritarios como el desempleo, el abaratamiento de la canasta básica familiar y las medicinas, la delincuencia armada y el deterioro moral de una sociedad como la nuestra que parece que no siente ningún respeto por Dios ni por la Ley.
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PUNTO CRITICO |
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