Desde que Panamá se convirtió en punto de enlace de la droga que viaja directamente a Estados Unidos y parte del continente europeo, las autoridades han recurrido al método más perjudicial para desaparecer la droga incautada, que es a través de la quema, pero a inicio de la década de los 90 se utilizó un incinerador especial que pocos años después dejó de usarse.