El águila se topó con el colibrí, mientras paseaban por el bosque. Pese a la diferencia de tamaño, entablaron una bonita amistad. Con el tiempo, el imponente águila fue adquiriéndole confianza al colibrí, tanto así que le fiaba sus más íntimos secretos mientras conversaban en la ladera de una montaña, donde el ave rapaz tenía edificado su nido y hogar. Todos en el bosque miraban extrañados tal dispareja amistad; también porque el águila no depredaba a su amiguito. Cierto día, el colibrí requirió a su amigo que lo llevara a un campo donde pudiese encontrar flores con jugosos néctares, mas el águila no pudo cumplir el favor en el momento porque se avecinaba una tormenta y tenía que ir a cuidar sus huevos.
Furioso, el colibrí le cuestionó:
-"¿Quién es más importante? ¿tu amigo o unos polluelos que ni han eclosionado aún?. ¡Deja que tu mujer se encargue de ellos!.
El águila, amablemente, respondió:
"Cada momento dispone de su prioridad, más tarde te ayudaré en lo que me pides" y emprendió vuelo.
Encolerizado, el pajarito maquinó vengarse. Una mañana, cuando el águila ni su cónyuge se encontraban vigilando el nido, y aprovechando que sabía los itinerarios diarios de la pareja, el colibrí guió a un grupo de zorras para que se comieran los huevos del nido. Apenas hubieron llegado las águilas, entristecieron y lloraron amargamente a causa de la macabra pérdida de sus vástagos.
Mensaje: A veces creemos conocer bien a alguien, y le contamos nuestras más íntimas confidencias. Sin embargo, puede ocurrirnos como al águila, quien fue vilmente traicionado por carecer de recelo; y fue entonces cuando descubrió quién era realmente el colibrí y de lo que era capaz. Cuando una persona pierde el control o se enoja demuestra qué tan afianzado tiene los valores, dejando a la vista su verdadero interior.
Moraleja: "Uno no conoce realmente a alguien hasta que se pelea con él".