En esta vida, si no se tiene responsabilidad, y se afrontan los errores que cometemos, estaremos condenados a repetirlos una y otra vez. Tropezarse con la misma piedra más de dos veces es cosa de necios, o de tontos y retontos.
No tomar los correctivos necesarios para evitar los mismos errores en un futuro, es cuestión de perezosos y débiles mentales, también de personas sin carácter.
Pero cuando estamos hablando de tapar los errores una vez se cometen, o achacárselos a un tercero, ya no es cosa de necios ni tontos, sino de corruptos.
Y también pueden agregarles el calificativo de cobardes.
El sentido de responsabilidad ante uno mismo y ante los demás diferencia a los buenos de los perversos en el trabajo. En nuestras oficinas públicas y empresas privadas hay elementos cuya sola falta de responsabilidad pone en jaque a toda la organización. Esto sin hablar de otros defectos que podrían tener, porque la irresponsabilidad es de plano peligrosa.
La ineficiencia, la ineficacia, la ineptitud y la ignorancia son cosas que pueden ser solucionadas en el trabajador. A un empleado se le puede capacitar, se le puede instruir, se le puede enseñar, se le puede formar.
Pero, ¿qué hacer con los casos de irresponsabilidad maliciosa? Esos tiene que ir pa' fuera.
Cualquier organización que sea complaciente con los irresponsables reincidentes, está condenada al fracaso, o a episodios de emergencia de los cuales será muy dificil salir bien librados.
Los irresponsables son un lastre, un obstáculo para lograr los objetivos, porque cuando hacen una trastada, no piensan en como resolverla, sino en salvar su propio pellejo, echándole la culpa a otro, o borrando la evidencia. A jugar vivo con los irresponsables.