Hace unas semanas, una señora perdió la vida al ser atropellada por un bus cuando intentaba cruzar la Vía José Agustín Arango para llegar a la Policlínica J.J. Vallarino del Seguro Social.
Al conocer la noticia, lo primero que cruzó por mi mente fue que un diablo rojo había causado la muerte a otra persona. Pero inmediatamente reaccioné y recordé que allí existe un paso elevado peatonal construido por el Ministerio de Obras Públicas, precisamente para salvaguardar la vida de los ciudadanos, sin embargo, por la filosofía del juega vivo del panameño lo incita a no utilizar los pasos elevados porque, según ellos, se pierde mucho tiempo en subir y bajar las escaleras o las rampas de acceso.
Lo irónico de todo esto es que en la mayoría de los casos, los ciudadanos han realizado protestas y han cerrado calles para solicitar la construcción del puente peatonal. Y cuando el gobierno construye el puente, no lo utilizan.
Quien comprende a este pueblo, mientras el gobierno invierte grandes sumas de dinero en la construcción de los pasos peatonales -cada puente cuesta entre 200 mil y 300 mil balboas- los ciudadanos muestran gran apatía y renuencia a utilizarlos.
Un ejemplo típico de ciudadanos que no utilizan el puente lo encontramos en el cruce de la Vía José Agustín Arango, frente al Supermercado Balboa.
Ya es hora de que el panameño tome verdadera conciencia del valor que tiene su propia vida y deje a un lado el juega vivo que a nada conduce. Las autoridades deben participar activamente en la erradicación de esta cultura negativa y sancionar severamente a los que no utilicen los pasos peatonales.
Para terminar, quiero relatarles una anécdota sobre el tema. Yo camino diariamente y hace unas semanas pude observar, para mi sorpresa, a un perro (posiblemente un tinaquero), subir por las escaleras del puente elevado frente a la Escuela República de Haití y cruzar al otro lado de la calle.
Y me pregunto: si un perro, que es considerado el mejor amigo del hombre, puede utilizar el paso peatonal, porqué nosotros, los seres racionales ( o por lo menos, eso pensamos), no podemos imitarlo.