La madre se lo había advertido al hijo de cinco años. "¡No digas palabras sucias que te lavo la boca con jabón sapolio!". Pero el chiquillo no le hizo caso. Es más, le parecía un juego repetir ciertas palabras que molestaban a los adultos.
Lo malo era que ese ejemplo negativo estaba siendo copiado por sus hermanitos. Ya otro repetía términos aunque desconocía su significado porque le hacían "gracia".
Entonces la madre decidió dar una lección a sus hijos. Con determinación tomó una barra de jabón azulado, agarró al hijo por el brazo... ¡y le lavó la boca al pelao!
Comenzó el niño a escupir a darse manotazos en la boca para quitarse el mal sabor del jabón que le sabía a purgante.
Pero...¡santo remedio!, como dicen en Churuquita Grande de Penonomé. El niño dejó de hablar palabras sucias por miedo a la enjabonada de boca.
En eso pensé el otro día cuando a las dos de la madrugada, un grupo de jovencitos tenía una fiesta en el patio de su casa.
Se la pasaron hablando cosas propias de los jóvenes... y palabras sucias.
No sé si los padres estaban en la casa. Pero esas fiestas son más comunes de lo que Ud. se imagina.
Una vez una vecina me dijo que así "los muchachos se divertían donde uno podía verlos..".
Eso de las malas palabras no es nuevo. Hace años dirigí una Tesis en la Escuela de Periodismo, sobre las malas palabras que se decían en la Universidad.
Aunque Ud. no lo crea, se detectó de manera "científica" gran cantidad de términos obscenos que usan los universitarios.
Lo que más llamó la atención del estudio fue la cantidad de muchachas que decían esas palabras.
Una vez ante las vulgaridades que salían de la boca de una universitaria, me atreví a decirle: "qué lástima que de una boca tan hermosa salgan esas vulgaridades".
Me torció la boca y murmuró que no me metiera en lo que no me importaba.
Lamentable es que los mismos padres a veces en sus peleas domésticas se insulten con términos soeces. Los niños aprenderán de ellos esas vulgaridades.
He escuchado hasta abuelas gritarles palabras sucias a sus nietos para aconductarlos. No creo que deba tomarse como una "gracia" ese lenguaje inadecuado que tienen algunos jóvenes. El español es un idioma muy rico para ensuciarlo con términos feos. Como me dijo un profesor de Español, "Ud. puede insultar a cualquiera con buenas palabras..."