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Hace exactamente un año, el Grupo de Acción Financiera Internacional -GAFI-, con apego al criterio de criterios sobre países que no cooperaban con la lucha internacional contra el lavado de dinero, evaluó negativamente a Panamá y la incluyó en una lista negra.
La medida, obviamente divorciada de la realidad, colocaba a nuestro país en un paredón financiero, blanco fijo para nuestros detractores que en poco tiempo nos verían sumidos en la más espantosa miseria, no sólo como individuos, sino como nación.
Jamás imaginaron los integrantes del GAFI, conformado por el G-7, los siete países más ricos del universo, que lo que ellos hacían, lejos de amilanarnos y de propiciar en el país divisionismos, nos unió en un solo de voluntades, para protestar por la injusta medida y con el sólo afán de condenarnos a la inercia administrativa y a la impotencia financiera.
No lograron su objetivo, no sólo porque local e internacionalmente son conocidos los ingentes esfuerzos que se realizan en Panamá para contrarrestar toda acción que tenga como meta lavar dinero, sino porque la voz de un país pequeño, resonó con fuerza en la sede del GAFI, que un año después, nos excluye de esa lista que haría más difícil la situación económica.
Más allá del protocolo de exclusión, la enmienda del GAFI en lo que se refiere al craso error que liberadamente cometieron con Panamá, tal como lo han señalado altas personalidades de nuestro gobierno, desaparecen los impedimentos a empresas extranjeras para utilizar nuestro país como escenario de sus negocios.
Para muestra un botón: el proyectado Tren Urbano que supone financiamiento por parte de Francia. Como miembro del GAFI, Francia no puede desconocer sus decisiones y al acatarlas, no podría financiarlo.
Devolvernos el status de "país cooperador", el Tren Urbano volverá a tomar auge en nuestro país y las proyecciones que sobre el mismo se tejieron, tomarán en breve ribetes de factibilidad y tangibilidad. Durante los 365 días que nos mantuvimos en la lisa negra del GAFI, nuestra situación económica se hizo más difícil, pero hubiera sido peor, de haberse cumplido la amenaza de ese organismo de impartir instrucciones a las empresas y bancos de los países que lo integran, para que se abstuvieran de hacer negocios en Panamá.
Con la exclusión, se desvanecen los temores de que somos un país riesgoso para la inversión y la amenaza que naciones que osaran invertir en nuestro territorio, corrían también la suerte de ser incluidos en la lista negra del GAFI.
Desde un principio, fue una medida caprichosa, injusta y soberbia. Se trató de montar en pleno siglo XXI, el escenario de la confrontación de David, contra Goliat, pero con un resultado diferente, porque de haber prosperado la exclusión, de no haberse unido todas las fuerzas panameñas y buscar el apoyo internacional indicado, la fuerza del GAFI, el Goliat contemporáneo, habría hecho presa de Panamá, el diminuto David que no utilizó una onda, sino el arma de la razón y la justicia. |