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  OPINION

CUARTILLAS
Mío

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Milciades A. Ortiz Jr
Colaborador

Eran unos quince indios guaymíes (ahora tienen otro nombre complicado de pronunciar), doblados sobre la negra tierra. Con sus manos sacaban papas que iban echando en un saco. El capataz era un joven dinámico, encargado del negocio de la familia, en Cerro Punta. Me habló de una realidad que tal vez no se entienda si no se ve con los propios ojos:

"Mire les doy trabajo a quince peones indígenas, a quienes tengo que pagarles todos los fines de semana, haya negocio o no. Ahora nadie quiere comprar papa panameña, porque la extranjera es barata y buena. ¿Qué pasará cuando no tengan trabajo esos indios"?

Muchos productores de papas, lechugas y otros vegetales y verduras, fueron afectados por el gobierno anterior, cuando bajaron los aranceles a la compras de productos extranjeros. Se dijo que así entrábamos en la "globalización" y el panameño saldría beneficiado con menos precios y mejor calidad en los productos. Pero, ¿quién le dice a ese indio humilde que perderá su trabajo por culpa de políticas comerciales neo-liberales, donde el "pez grande se come al más chico"?

Lo mismo ocurrió con las galletas. Antes teníamos las nacionales, muy buenas por cierto. Ahora los supermercados están atiborrados de productos centroamericanos, cuya calidad no siempre es igual. Y si hay rebaja, es de uno o dos centavos.

Imagino que algunos obreros panameños habrán perdido sus empleos al bajar la venta de galletas del país. Pienso en esta realidad, que también se nota en el papel higiénico, cuando escucho de tratados de libre comercio con Centroamérica, el Plan Puebla de Fox (México), y otros proyectos.

Mientras en Estados Unidos y Europa los gobiernos dan mucha ayuda a los agricultores (incluso subsidios económicos y rebaja de impuestos), en Panamá muy poco se hace por los que hacen producir la tierra. Menos mal que el gobierno de doña Mireya arregló un poco el bajón de impuestos a productos extranjeros, ya que a estas alturas habríamos tenido un tremendo problema social por el enorme desempleo en el campo.

Un trabajador centroamericano gana mucho menos que uno panameño, porque el nivel de vida de su país es inferior al nuestro. Por eso puede producir más barato. Si inundáramos de productos baratos al país, ¡estaríamos apuntalando las economías de otros países, y derribando la panameña! (¡y la electricidad panameña es la más cara!).

Claro que hay que exigir mejor calidad a nuestros industriales y productores. Sé de esfuerzos que hace el MIDA por conseguir que los agricultores puedan mejorar sus cosechas y cambien aquellas que no le dan buen negocio.

En México había (o hay) un dicho muy nacionalista: "a lo mío, con razón o sin ella". No sé si el actual presidente Fox con su Plan de Puebla lo que busca es aumentar los negocios (y las ganancias) de sus empresarios, a costa de los trabajos de personas de la región.

Nadie se opone al intercambio comercial, pero debe hacerse en buenas condiciones para ambas partes, y no solamente para unos. Cuidado con alegremente querer unirnos a mercados regionales y tratados de libre comercio, donde realmente saldremos perjudicados. Después de todo, el deber principal de un gobernante es buscar lo mejor para su pueblo.

 

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