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EDITORIAL
Lista negra
En la última quincena Panamá ha figurado en dos listas negras de paraísos fiscales que no cooperan con el lavado de dinero, una preparada por el Grupo de Trabajo de Acción Financiera de los países industrializados que integran el llamado Grupo de los Siete (G-7) y otra por el Departamento del Tesoro norteamericano. La clasificación sin duda es inmerecida, ya que desde 1990, los gobiernos de Panamá han implementado una serie de medidas para frenar el uso del centro financiero para el blanqueo del dinero proveniente del narcotráfico. Panamá ya cumple con 27 de las 29 normas internacionales para la prevención y control de lavado de dinero. Los entendidos alegan que hoy día es más fácil abrir una cuenta bancaria en Miami, que en un banco que opere en territorio panameño. A pesar de todo esto, no hemos visto una posición fuerte del gobierno panameño para refutar, no sólo a través de comunicados, sino en las propias sede de los organismos que nos recriminan injustamente. Hay que estar atentos, porque el propósito de esa presión ya no es el control del lavado de dinero del narcotráfico, sino que las grandes potencias quieren que nosotros les resolvamos los problemas que ellos mantienen con sus nacionales que no pagan impuestos Los paraísos fiscales son utilizados con fines de ahorro fiscal y reducción de costos, debido a la existencia de una legislación financiera y comercial atrayente. La ausencia de convenios de doble imposición internacional, es otro de los atractivos. Acceder a que nuestro país se convierta en policía tributaria de los países industrializados sería acabar con el sector servicios del país, que representa el 80% del Producto Interno Bruto y que tiene como punta de lanza el sistema de sociedades anónimas establecido en 1927. En Panamá hay cerca de 350 mil sociedades anónimas inscritas, que anualmente pagan una tasa cercana a los 20 millones de balboas. El Centro Bancario Internacional creado en 1970, la Zona Libre de Colón y el Canal de Panamá, son otros de los elementos claves que hacen de nuestro país, una nación atractiva. Si Panamá accede a las pretensiones del G-7 y de Estados Unidos estaría acabando con su economía, que por cierto ya está muy maltrecha. Además en muchas ocasiones, Panamá adopta medidas para reprimir delitos, pero no recibe la misma reciprocidad por parte de los norteamericanos o éstos demoran la ratificación de los convenios, tal como sucedió con el Tratado de Asistencia Legal Mutua. La inclusión del país en una lista negra sin duda es un agravio, pero la Cancillería debe movilizarse vigorosamente y dejar bien claro que no somos un santuario de delincuentes ni de lavadores de dinero, sin dejar de desconocer que en algunas ocasiones nuestras ventajas financieras, puedan ser utilizadas indebidamente por las mafias que operan en el mundo.
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PUNTO CRITICO |
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