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Por fin, después de una racha imparable de atentados sangrientos en Israel, Cisjordania y Gaza, estos últimos territorios palestinos bajo ocupación hebrea, los grupos integristas han accedido a efectuar una tregua unilateral para lograr la tan anhelada paz en Medio Oriente.
No se nos puede olvidar la cara de dolor de una joven israelí que presenció cómo sus amigos fueron volados en pedazos por un atacante suicida palestino hace un mes en Jerusalén. Su mirada indicaba una pregunta silenciosa: ¿Qué hemos hecho para merecer morir en esta injusta guerra?
A pocos kilómetros de allí, otro hecho similar, esta vez en el lado palestino, incrementaba los aires de rencor y odio entre judíos y árabes. Un helicóptero israelí lanzaba un ataque contra Hamas. En la refriega, perecieron una mujer y una niña.
La espiral eterna de violencia en Medio Oriente, que ha durado más de cuatro mil años, nos indica que sólo hay una forma factible para lograr la paz: la necesaria coexistencia pacífica y tolerable entre Israel y los palestinos.
FIN DEL EXTREMISMO
Indudablemente, ha quedado demostrado que Ariel Sharon y el ala ultraderechista del Partido Likud hebreo han comprendido la realidad de aceptar un Estado palestino independiente, sólo si esta futura entidad permite la existencia del mismo Estado de Israel. Hace pocas horas, los grupos extremistas palestinos como Hamas, Yihad Islámico y las Brigadas Al Aqsa dejaron atrás el retrogrado concepto de no permitir siquiera el mero reconocimiento del Estado judío.
Este punto es muy significativo. Recordemos que fue en 1947, cuando las Naciones Unidas se dispuso a tratar el caso israelo-palestino, cuando surgió la alternativa de la Resolución 181, la cual dejaba claro que en Medio Oriente debería existir dos Estados, uno judío y otro árabe-palestino, con una capital mancomunada administrada internacionalmente, como lo es Jerusalén.
En la cumbre de Aqaba, Sharon aceptó formalmente que el Estado palestino debe formalizarse para antes del 2005. Además, las garantías de seguridad para la comunidad judía deben consolidarse, antes de ceder terreno a la Autoridad Autónoma Palestina.
El premier hebreo incluso accedió a sacar a los colonos judíos emigrantes que entraron de forma ilegal a Cisjordania y Gaza, dejando también en el pasado el punto oscuro de la "Ley del Retorno a Israel" (en donde el Estado hebreo daba garantías de tierras y derechos a los judíos foráneos que llegaban a Tierra Santa).
JERUSALEN
Ahora cabe analizar los puntos espinosos del tema israelo-palestino: Jerusalén y los palestinos refugiados en países árabes vecinos. Indiscutiblemente, Jerusalén es la capital de Israel por derecho divino, según dice el Talmud y la Biblia Cristiana. Empero, por razones históricas, también es la tercera ciudad sagrada en el mundo musulmán.
Yasser Arafat, el controversial "Raís" (líder, en árabe) de los palestinos, una vez le dijo a ex premier israelí Benjamín Netanyahu que "era posible pensar en una capital palestina cerca de Jerusalén", en el poblado de Abu Dis (Diario Aurora, junio de 1997).
Si vemos incluso que el ex guerrillero palestino acepta además ceder en el caso de la controversial capital sagrada, entonces la diplomacia debe aprovechar el momento para consolidar un acuerdo definitivo de paz.
Sobre los refugiados, es evidente que el mundo árabe debe poner su responsabilidad en cuidar a los más de tres millones de palestinos, o descendientes de los mismos, pues la realidad indica que es casi imposible que Israel acepte el regreso de tanta gente a tierras y ciudades en el Estado hebreo. |