Un magnate estadounidense, de nombre Warren Bufett, considerado como uno de los hombres más ricos del planeta, ha tomado la decisión de donar, a través de la fundación regentada por el más acaudalado de todos, Bill Gates, más del 80 por ciento de su fortuna a los pobres del mundo, lo que significa si no fallan los cálculos, la nada despreciable suma de 30 mil millones de dólares a favor de sectores como salud, educación y tecnología.
¿Qué habrá llevado a este hombre a realizar esta acción, en una época en que el capitalismo ha evolucionado hasta hacer a los ricos más ricos y a los pobres más pobres? Tal vez es un mensaje de quien en su vejez se ha dado cuenta que lo más importante es la vida y no el dinero.
La decisión del potentado fue tomada poco después de haber muerto su amada
esposa de toda la vida. Finalmente se dio por enterado que todos los recursos del mundo son insuficientes para devolvernos al ser más querido cuando se ha ido de nuestro lado. Este hombre, cuyo nombre ha debido figurar en las juntas directivas de los más grandes consorcios del orbe, nos deja dicho que si no hay amor, para qué tanto dinero.
El resultado de su reflexión le ha llevado a no dejar una dinastía hereditaria porque, en su nuevo modo de pensar, lo que se produce tan abundantemente pertenece a la sociedad y aquí coincide con Gates, quien tan solo dejará diez millones de dólares a cada uno de sus hijos, de una fortuna que casi llega a los cien mil millones de billetes verdes.
Es interesante observar la posición de estos dos mega millonarios ante un mundo que se pierde en la globalización, en una carrera consumista feroz donde se busca atraer inversiones a toda costa por parte de los Estados nacionales, además de la apertura de las economías y los mercados.
En Asia donde las filosofías no son tan parecidas a las de occidente, han estimulado con diversas variantes el ingreso en los mercados capitalistas, pero con la opresión de las grandes masas trabajadoras que en condiciones infrahumanas son los esclavos modernos en nombre de la productividad.
En comparación, Estados Unidos sigue siendo ejemplo de progreso, comodidad
y crecimiento económico constantes. Esa riqueza tiene un matiz humano y la
actitud del olvidado benefactor de esta historia lo confirma.
Sin duda, este es un excelente mensaje de esperanza y no debe ser ignorado,
en momentos en que la plutocracia impera y la riqueza de unos pocos aumenta en proporción directa a la desesperanza de muchos. Este mundo neoliberal debe reflexionar en torno a la concentración de capital con poco sentido humano. La criminalidad en nuestro país y en todo el mundo demuestra el peligro de que existan muchos recursos en manos de pequeños grupos.