|
Lo correcto es que los compradores sepan qué están comprando. Hay productos más caros que otros, se supone que porque son de mayor calidad. Una libra de carne o de pollo, o de pescado, puede estar a un precio en un sitio de expendio, y en otro lugar podría costar uno o dos dólares más.
Eso no representa ningún problema. Le corresponde al consumidor determinar si paga por el producto de mayor precio, o por el menor, sabiendo que se va a comprar productos de calidad diferente.
Lo desastroso y criminal es vender productos malos a precios elevados, engañando al público comprador. La mentira al momento de ofrecer mercancías es lo que se debe criticar perseguir, incluso penalmente.
Si alguien va a comprar un producto barato, sabiendo que es de baja calidad, y aún así decide comprarlo, no se podrá quejar. Pero si lo acepta porque se le dice que es de una calidad específica, y la oferta es mentira, está en todo su derecho de denunciar a ese comerciante inescrupuloso. Lastimosamente, la ley (que es diseñada por tú mismo) no determina prisión para estos sinvergüenzas que solo piensan en hacer dinero. |