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El ciudadano común panameño vive bajo el concepto retrogrado de que el Estado debe resolverle todos sus problemas sociales o económicos. Años de paternalismo y malas costumbres hicieron de los istmeños meros dependientes de la cosa pública, sin que se dé la opción de autosuficiencia para salvar la crisis social que afecta a cada familia de esta nación centroamericana. La cantaleta es la misma todos los días: "Señora Presidenta, quiero trabajo; señor ministro, haga algo por arreglar las calles de la comunidad; señor legislador, gestione algo para paliar el hambre de nuestra familia".
En los próximos meses, el país se sumirá en una verdadera campaña política, de la cual saldrán ofertas de todo tipo para cambiar las estructuras de poder en el Estado. Veremos a Guillermo Endara, a Martín Torrijos y a José Miguel Alemán caminando por las calles haciendo promesas, e incluyen hasta el cielo en sus proyectos de salvación de la Patria. Pero, son muchos los ciudadanos que no creemos ya en los politiqueros de turno, que cada cinco años aparecen para ganarse el apoyo popular y acceder al solio presidencia, o quizás a una legislatura en el dichoso Parlamento panameño.
Cada día, son más los panameños que hacen conciencia de que las comunidades mismas deben hacer lo propio para resolver sus problemas cotidianos. Los ciudadanos de este país, en su gran mayoría, creen que teniendo un puesto como funcionario de Gobierno, ser una "botella" política en un ministerio del Estado o ser legislador es llegar a la cumbre de las aspiraciones individuales.
De igual manera, a nuestra juventud, esa misma que estudia ahora en las secundarias y universidades nacionales, se les inculca que teniendo un puesto asalariado en una empresa privada reconocida es la aspiración ideal para tener un futuro mejor. De que teniendo plata en un supuesto puesto permanente en la empresa tal, ganaré el destino deseado.
Nuestro mundo es muy diferente al del Siglo XX. La realidad es otra. Poco a poco, las grandes empresas públicas y privadas, en casi todos los países, bajarán su enorme planilla de empleados para agilizar sus gestiones inversionistas. Habrán más desempleados, incapaces de superar el trauma del despido.
Cada año, miles de jóvenes panameños graduados de la secundaria y la universidad descubren que no son capaces de hacer su propio negocio, que no tienen visión de mundo y no se superan a sí mismo, ante la adversidad.
Urge preparar panameños autosuficientes, con poder de superación y que no se amilanen ante la adversidad. Los educadores deben preparar ciudadanos con mentalidad amplia, con moralidad, con valores fuertes y capacidad académica adaptable a los cambios sociales que nos afectan, en una sociedad tecnológica modernizada.
Pero lo primordial, lo más importante, es que debemos inculcar a los jóvenes y a los adultos el don de superación y que dejemos atrás el paternalismo estatal. Hay que abrir los ojos: el Gobierno de turno jamás resolverá nuestros problemas y se acabó, por ejemplo, el queremos que nos reparen una calle, nos construyan una acera, o no tenemos trabajo; pues debemos hacer esfuerzos por lograr la cooperación de la comunidad y con la unión conseguir patrocinio para hacer la vía o paso peatonal que tanto se necesita en el barrio. De igual manera, busquemos opciones para hacer nuestro propio negocio o trabajo. Si, es cierto que el 70% de los pequeños empresarios fracasan en el intento de hacerse con un futuro oneroso, pero hay que intentarlo todo y de seguro lograremos ser mejores panameños, cuando obtengamos los frutos de nuestro esfuerzo como profesionales, como ciudadanos independientes. |