Ya todos sabemos cómo están las calles de nuestro país. Asesinatos todos los días, incautaciones de droga y arrestos de los involucrados. Puede decirse que en el bajo mundo, el que no termina muerto, termina preso. Prácticamente nadie se salva de terminar de una u otra forma. Si a Pablo Escobar, que logró ser el narco más poderoso del mundo, le llegó su hora, ¿qué le hace pensar a un maleantito o a uno de esos sicarios que no le va a llegar la suya?
Se puede entender que una persona joven, que se siente falto de oportunidades por la sociedad, pueda caer en las actividades delictivas una vez. Pero si te agarran preso, purgas una pena de 3 años, y luego al salir vuelves a las mismas andadas, es porque algo realmente anda mal en tu cabeza.
Realmente resulta difícil entender cómo una vida de crimen -luego de haber pasado un gran susto o haber quedado privado de libertad- puede valer la pena para algunas personas. Sobre todo cuando este estilo de vida termina destrozándote los nervios.
Tomen esto en cuenta: una vez te metes al narcotráfico, no puedes confiar en NADIE. La historia de la mafia está repleta de traiciones. Incluso los más grandes capos han caído porque alguien muy cercano a ellos los traicionó.
Esto significa que mientras más alto subas la escalera del narcotráfico, más tendrás que mirar de reojo a todos esos amigos y hasta familiares que te acompañaron en la maleantería.
¿Cómo puede vivirse pensando que en cualquier momento tu amigo del alma te puede meter una puñalada por la espalda? ¿Puedes dormir sabiendo que tienes varios enemigos jurados que llevan en sus armas balas con tu nombre? ¿No sientes nada por el sufrimiento de tu madre cada vez que quedas guardado en una celda? ¿No te afecta que todo este estrés te lo has buscado tú mismo y nadie más?
Toda la tensión y paranoia asociada con la vida en el crimen no pueden ser compensadas ni con la más grande de las fortunas mal habidas. Si lo dudan, sólo lean cómo fueron los últimos días de Pablo Escobar: barbudo y desaliñado; escondiéndose en diferentes edificios de Bogotá; incapaz de poder encontrarse con su familia; plagado de enemigos y con la policía pisándole los talones.