"Tenemos un país que ofrece servicios en materia turística, así como también en logística y donde se trabaja siete días a la semana", así se expresó la ministra de Trabajo, Alma Cortés, y consideramos esta una buena introducción para analizar las posibles modificaciones al Código de Trabajo.
Antes de 1968, la capital panameña era una ciudad que no dormía, circulaban las unidades de transporte colectivo durante las 24 horas y la vida nocturna era tan esplendorosa que atraía a artistas internacionales.
Cuando el gobierno militar establece el Código de Trabajo, la situación era diferente, porque la economía era de carácter estatal y sus funciones iban orientadas a generar empleos, impulsar la inversión, crear industrias, en el marco de una rigidez laboral.
Esto originó que el empresario panameño creara un mecanismo de defensa ante las leyes laborales, al conocer sus fortalezas y debilidades. Por eso, al discutir sobre esta materia, más que hablar de pérdidas de conquistas debemos pensar en las condiciones actuales que se viven, en las que predomina la inversión privada, en especial la extranjera y por ello se requiere de más flexibilidad para cimentar el desarrollo.
Es injusto que en una actividad como el turismo, cuya inversión de $700 millones que permitirá la construcción de 20 hoteles, sea frenada por aspectos legales-laborales.
El desarrollo del capitalismo que vive Panamá nos da oportunidades que deben aprovecharse, sobre todo, cuando llegan al país actividades productivas que generarán mejores ingresos.
Panamá sigue su hoja de ruta para lograr el desarrollo total, porque los gobiernos en democracia han sido fieles y han seguido una sola dirección lo que, lamentablemente, no ha sido igual en otros campos como el de la seguridad. No obstante, nuestro país es motivo de envidia, pero también de esperanza para muchos en el extranjero.