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Señor, me pasa el ketchup por favor. Gracias. Con esta solicitud inicia la sorpresa los clientes en los restaurantes. Al momento de echarle a las papitas o el patacón, comienzan a ver un color impuro del rojo, propio de la salsa de tomate. Lo mismo ocurre con el picante. El resultado es evidente. A estos envases le han agregado una considerable cantidad de agua.
El irrespeto ha llegado lejos y ya hasta callo les ha salido a los tramposos que practican esta actividad. No les importa qué diga la gente. A ellos les interesa bajar la calidad del producto par estirar su uso. Quizás consideren que así se harán más ricos. En producción esto se conoce como una jugada sucia.
Abaratar los costos de la materia prima para ampliar los márgenes de ganancias. Resulta los primeros días, pero después se convierte en un efecto contrario, en vez de ampliar las arcas, se transforma en la peor publicidad negativa de la imagen de la compañía. Esto a la larga llega al extremo de afectar tanto la imagen que ocasiona el cierre definitivo de la franquicia o genera calificaciones denigrantes que acompañan como un adjetivo al sustantivo el nombre de la empresa, como por ejemplo. Restaurante tropical, donde te echan agua en vez de ketchup o donde los insectos le darán la bienvenida. |