Cuando el genio máximo de la literatura francesa, Victor Hugo, escribió su gema maestra, "Los Miserables", se trasladó, dentro del tiempo, las distancias y las situaciones comparativas, al deporte nacional.
Y es que el "miserable" mayor de la obra, Jean Valjean, podría personificar perfectamente a nuestro fútbol nacional. A Valjean nunca le perdonaron robar unos panes para alimentar a su familia; a nuestro fútbol no se le perdona la gran brecha de abandono arrastrado por décadas.
Nuestro fútbol presenta un conjunto de obstáculos en fila, que tenemos que saltar una y otra vez.
Y aunque parezca imposible, una de los principales trampas que tiene el fútbol panameño es precisamente el flamante balompié mundial. Ese mismo fútbol exquisito.
Sería fácil dejarse llevar por los pases de Zidane, los tiros de Henry, las gambetas mágicas de Tevez; o por la Copa América, o la Eurocopa.
Pero esa no es nuestra realidad, nosotros no vivimos en Buenos Aires, ni en Madrid, ni tampoco en Milán.
Nosotros somos panameños, y debemos sentirnos orgullosos de eso. Tenemos nuestro fútbol nacional, nuestros equipos y nuestra selección, aunque su situación sea precaria.
Este es nuestro objetivo principal. No la Champions League, Eurocopa o Copa América, esto sólo debe ser complemento para ampliar nuestro marco de referencia mundial, del mejor deporte del mundo.
El desarrollo y fomento del balompié nacional creará un mejor nivel de vida para los sectores populares, jugadores, árbitros, técnicos, periodistas, vendedores ambulantes, el que limpia el estadio, todos ganan.
Pero con el fútbol enlatado, por más hermoso, brillante, espléndido que parezca, no se desarrollará el fútbol nacional, sólo se venderán más televisores y más sillas para sentarse.
Cada quien consume lo que desea, pero la realidad es esta, somos un país que apenas crece y le corresponde a todos apoyar nuestro deporte.
Se puede tener las dos vertientes, pero usted nunca verá en un diario en un país futbolizado más fútbol internacional que nacional. Aunque las fotos tengan una excelente calidad y los textos bajen al instante. Pero creo que la labor social es con lo del patio, con la realidad.
Ser periodista deportivo no es saberse el mercado de transferencia de memoria, ni saber quién marcó los goles de Italia en 1982, eso es puro internet. Se trata de enfrentarse a un terreno, de cuestionar, de saber qué jugador cobró, cuál no, etc.
Ser fanático no es cargar una camiseta original del Juventus, para qué si no todos conocerán a Trezeguet, o a Nedved. Eso lo podrán hacer los que viven en Turín, nosotros no.
Nuestra camiseta no es la de Italia, Brasil, Argentina, pues varios jugadores de estos equipos, ni siquiera saben que en Panamá existe el fútbol, aunque nos duela, y aunque algunos se molesten es nuestra realidad.
Ahora, no tiene nada de malo saber de este fútbol internacional, pero es un complemento, no puede ser la totalidad, allí nos equivocaríamos.
No se cuantos años pasarán, pero algún día toda esta lucha valdrá la pena, y al final habrá fútbol nacional profesional y sólo entonces dejaremos de tener, como la obra francesa, una situación "miserable", pues la casa propia se respeta, se respalda y se quiere con el alma.